Que Dice La Biblia Del Divorcio?

Que Dice La Biblia Del Divorcio
Consecuencias del Divorcio – Debemos tener presentes que muchas veces no es necesario el acto físico de llevar a cabo el divorcio, ante un juez y firmar la separación para que ante los ojos de Dios estemos divorciados. El simple hecho de que un hombre o una mujer deje de cumplir su rol dentro del matrimonio, abandone su hogar o desprecie a su pareja, es suficiente para ser considerados divorciados.

  • Una de las primeras consecuencias qué dice la Biblia del divorcio, es que el Señor destruye la obra de sus manos;
  • Aquel hombre o mujer que le sea infiel a su pareja, la humille o desprecie, ninguna obra que haga será prosperada;

Eclesiastés 5:6 6  No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? A veces podemos llegar a pensar que nuestra pareja si está teniendo éxito en las cosas que hace pero hay que tener presente que solo bajo la bendición de Dios, realmente podemos disfrutar, sentirnos satisfechos y agradecidos con lo que tenemos. Otra de las consecuencias del divorcio es que es un acto que le permite a los inconversos blasfemar el nombre de Dios. Los cristianos cuando no vivimos bajo la palabra y normas de Dios, muchas personas que no creen en Dios, se burlan y hasta llegan a decir, que si ni nosotros siendo hijos de Dios, aceptamos vivir bajo Su voluntad, cómo le pedimos a ellos que lo hagan.

Sin la bendición de Dios, ninguna persona se puede llegar a sentir plena y completa en esta vida. Romanos 2: 21-24 21  Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? 22  Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? 23  Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? 24  Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.

Jesús revela que aquella persona que se divorcia es porque tiene un corazón endurecido y por eso repudia a su pareja. Cuando la palabra divorcio es mencionada dentro de un matrimonio, queda claro que sus corazones no se encuentran en ese momento sensibles a la voz del Espíritu Santo.

Si quieres saber más sobre como fortalecer el espíritu entra en el siguiente enlace Disciplinas espirituales Por último, otra de las consecuencias qué dice la Biblia del divorcio es que nos aleja a los hijos de la palabra de Dios.

Al ver que lo padres cometen adulterio, se repudian o tienen su corazón lejos de las enseñanzas de la Biblia. Estos inmediatamente empiezan a alejarse de las normas de Dios y cuando sus padres los reprenden, los mismos hijos son lo que les recuerdan las cosas que han hecho y que no son agradables ante Dios.

Sabiendo ¿qué es lo que dice la Biblia del divorcio? y conociendo sus consecuencias, es importante que diariamente coloques tu relación en oración para que sea el Señor quien la restaure. Si por el contrario aún no te has casado, es sumamente importante que le pidas al Señor discernimiento para conocer si esa es la pareja que ha escogido para ti y evitar un matrimonio infeliz, cuando este no es el propósito de Dios.

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¿Qué dice en la Biblia sobre el divorcio?

Así lo enseña San Pablo en 1Co 7,10- 12: ‘A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con el marido, y que el marido no repudie a la mujer’.

¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y volver a casarse?

LUCAS 16:18 Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. Aquí es claro que el casarse de nuevo después de divorciarse es un pecado contra el matrimonio.

¿Cuándo se da carta de divorcio según la Biblia?

¿Qué dice la Biblia del Divorcio y recasamiento? PREGUNTAS Y RESPUESTAS con Jahaziel Rodríguez

Deuteronomio 24:1-4 ‘Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.

¿Qué hacer cuando se acaba el amor en el matrimonio según la Biblia?

Dice, ‘Porque fuerte es como la muerte el amor ; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. ‘ 1 Corintios 6:18. Es MUY diferente a que las esposas ‘ se sometan’ (que es lo que dice la Biblia ) a que sean ‘subordinadas’ (véase 1 Pedro 3:1; Efesios 5:22).

¿Cuando una persona se divorcia se puede volver a casar?

Por unanimidad y sin mayor discusión, el Pleno de la Corte anuló la porción final del artículo 402 del Código, que establece que en virtud del divorcio, los cónyuges recobrarán su entera capacidad para contraer nuevo matrimonio, ‘siendo indispensable que haya transcurrido un año desde que obtuvieron el divorcio ‘.

¿Como Dios castiga el adulterio?

Saltar al contenido La traición conyugal. El adulterio en los tiempos modernos Desde la antigüedad, la infidelidad conyugal -o lo que es lo mismo, el tener ayuntamiento carnal con persona que es casada, o siendo ambos los que se juntan casados, haciendo traición a sus consortes (Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española , 1611, 16v)- ha sido considerada como la falta más grave a los deberes maritales.

Juristas, filósofos y autores cristianos compartieron esta opinión, si bien serán únicamente los últimos quienes, siguiendo los postulados paulinos (Cor. I, 6-7), dediquen especial atención a los peligros que para el espíritu entrañaba el quebranto de la fidelidad conyugal.

Serán varias las señas que empleen para recalcar la gravedad de la traición marital. En primer lugar, se trata de un pecado contra un sacramento, el del matrimonio, cosa santa instituida por Dios, por lo que, atentando contra él, se comete gran injuria contra el Creador.

Segundo, el adulterio es equiparable al hurto, por cuanto se roba a la mujer o al marido de sus legítimos esposos. Y tercero, se trata de un vicio contra regla de ley natural – lo que no quieras para ti no lo quieras para otro (Juan Esteban, Orden de bien casar y aviso de casados , 1595, Cap.

VIII)- y conforme a los Evangelios – todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos (Mateo 7, 12)-. En base a esto, y a lo expuesto por San Pablo en su carta a los Corintios, se insiste con reiteración en varias razones para huir de este pecado: a) por ordenación divina que prohíbe todo género de fornicación; b) por la unión que tenemos con Jesucristo desde el momento en que recibimos el agua del bautismo, que obliga a mantener apartado nuestro cuerpo –como parte del cuerpo de Cristo- de cualquier trato y ayuntamiento carnal realizado fuera del matrimonio; c) por el daño que de este pecado viene al cuerpo, pues con la fornicación atenta el hombre contra su propia esencia, corrompiéndola; y d) por la dignidad de los cuerpos, templos del Espíritu Santo por la gracia del bautismo y la santificación de los demás sacramentos, expuestos a terribles desgracias desde el momento en que se adultera.

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Más allá del debate sobre la categorización de esta contravención a la lealtad matrimonial, es de destacar la severidad con que fue castigada la infidelidad de la esposa en casi todas las épocas y culturas.

El motivo: si de la relación extramarital mantenida por la mujer nacía un hijo, éste podía ser señalado como elemento hostil al buen discurrir de vida familiar, pues provocaba la denominada turbatio sanguinis , término que hace referencia a la ignominia que para el esposo y para la pureza de su linaje suponía la conducta adúltera de su mujer cuando, siendo fértil, sembraba dudas acerca de la paternidad de los hijos, poniendo en entredicho la descendencia natural y la transmisión de la herencia.

Esta distinción, contenida de forma explícita en los códigos legislativos civiles medievales y modernos (Fuero Juzgo, Fuero Real, Partidas, Leyes de Toro y Recopilaciones normativas posteriores), no aparece como tal en la doctrina general de la Iglesia.

El Concilio de Trento (Sesión XXIV, Cap. VIII) condenará de forma general esta práctica, con independencia del sexo, estado, dignidad y condición de los culpables. Es más, mostrará especial fijación por los hombres casados que conservan y mantienen a sus concubinas en sus casas, a la vista de sus mujeres.

  1. Ahora bien, una cosa es lo que aparece recogido sobre el papel, y otra bien distinta lo sancionado en la práctica;
  2. Las mujeres tampoco serán consideradas de la misma manera que sus maridos por las autoridades eclesiásticas;

La infidelidad masculina, aunque criticada por la mayoría de los teólogos, fue tolerada y sólo vagamente censurada, mientras que la cometida por la mujer fue objeto de continuas reprobaciones y duros castigos. ¿Y entre las gentes de los Tiempos Modernos? ¿Qué opiniones y qué actitudes se generaron en torno al adulterio? Durante los siglos XVI y XVII la traición conyugal resultó ser un tema obsesivo y ampliamente condenado entre quienes nos precedieron debido a su asociación con la pérdida de la honra y la fama, valores compartidos por el marido y la mujer desde el mismo momento en que contraen matrimonio.

De ahí que –también ellos- consideren especialmente grave la falta cometida por la esposa, porque de su conducta dependía la reputación del varón. La mujer adúltera será vista como una de las peores lacras para la sociedad, pues convertía a su marido en cornudo, ofendía a su familia, descuidaba las responsabilidades propias de su estado y amenazaba la continuidad de la dominación patriarcal.

Sin omitir a aquellos que alzaron la voz para culpar a los maridos del adulterio de sus esposas –caso de Cervantes en El celoso extremeño o de María de Zayas en El prevenido engañado – lo cierto es que lo común fue continuar señalando al sexo femenino como único responsable de la transgresión.

El empleo recurrente al tema del adulterio en la literatura de los siglos modernos, así como las reiteradas advertencias de los textos morales reflejan, primero, la intemporal ansiedad colectiva de una sociedad obsesionada con el sexo y su relación con el contrato social del matrimonio, y segundo, la extensión que debió alcanzar la práctica de la infidelidad conyugal durante la Modernidad.

La causa principal de este fenómeno habría que buscarla en las condiciones que solían acompañar a los matrimonios. No era el amor lo que llevaba al sacramento. Ni siquiera se consideraba conveniente el que esta “afición” llegase antes de la celebración del enlace.

De hecho, las relaciones adúlteras estarían más próximas a nuestro concepto actual de amor que las desarrolladas dentro del matrimonio. Constituirían una válvula de escape para sentimientos y pasiones de unos esposos que lo son exclusivamente por sometimiento a los intereses de sus familias, que se convierten en víctimas de una práctica nupcial en las que los deseos individuales no cuentan, sobre todo en los grupos medios y altos.

Esto, unido a la imposición eclesiástica y civil de la indisolubilidad del matrimonio, habría fomentado la aparición y difusión de la infidelidad, dejando en evidencia que las reglas, por mucho que se pretenda, no pueden impedir el escape de los sentimientos ni eliminar la satisfacción de los deseos.

Pero la realidad no es tan simple. Marido y mujer no sólo buscaron a través del adulterio un modelo de relación que, a priori, les habría sido negado. La transgresión surge también por otros motivos y esconde otras realidades.

De hecho, tras el adulterio masculino y el femenino encontramos fines muy diferentes. Los primeros, hastiados por las cargas propias del matrimonio, encuentran respiro y libertad en aquellas “amigas” que frecuentan fueran del hogar. Unidos a ellas de por vida o acostumbrados a cambiar de compañera con facilidad, fueron muchos los que no mostraron escrúpulos a la hora de actuar contra lo dispuesto por la Iglesia.

Las mujeres, por su parte, traicionarán a sus esposos por satisfacer sentimientos no cubiertos en el matrimonio. La existencia de relaciones de poder poco equitativas entre los cónyuges no implicaría que las mujeres no buscasen también satisfacer su afectividad y sexualidad fuera del lecho marital.

Y también, por procurarse alimento, vestido o cobijo en situaciones de necesidad económica y desamparo. De hecho, serán los aprietos materiales los que empujen por regla general a las adúlteras a mantener relaciones ilícitas con hombres que ostentan una condición social superior pudiendo procurarles un bocado diario.

  • Mujeres que han vivido la experiencia de un matrimonio fracasado o que han huido de la compañía de sus maridos a consecuencia de los malos tratos;
  • Toca ahora hacer mención a los cónyuges defraudados; al modo en que reaccionan –o se les aconseja reaccionar- al descubrir el engaño;

A ellos, antes de confirmar la infidelidad de sus esposas, se les recomienda actuar con cordura, evitar los celos y cuestionar la veracidad de los rumores difundidos por la vecindad. Teólogos y moralistas hacen un llamamiento a la sensatez, al sosiego de espíritu y a la confianza en la bondad de la mujer, al tiempo que compelen a eliminar cualquier acción que pudiera ser origen de aborrecimientos y enojos entre el matrimonio.

  1. Se les explica que resulta de mayor utilidad hacer entender a sus compañeras la confianza que tienen en ellas, así como asegurar su guardia y custodia;
  2. Las circunstancias cambian cuando se tienen pruebas del delito;

En estos casos, siendo secreto el conflicto, se aconseja disimular la falta de la esposa y ponerle remedio en la intimidad del hogar, desechándose siempre la idea de acabar con la vida de la adúltera. Sólo en el supuesto de que el adulterio se hubiese convertido en asunto de dominio público, se exige la intervención de los tribunales.

Pero no todos los casos de adulterio femenino fueron sellados siguiendo alguno de los procedimientos anteriores. Existen pruebas de la clemencia empleada por algunos maridos para con sus esposas. Nos referimos a las cartas de perdón, otorgadas ante un escribano y testigos, muestras de la concesión formal del perdón a la adúltera y de su readmisión en el hogar conyugal.

No obstante, las cosas no siempre son lo parecen. El contenido de estos documentos obliga a ser precavidos a la hora de extraer conclusiones acerca de las verdaderas intenciones de quienes las otorgaban. Poco parecen haber tenido que ver con la debilidad de quienes las concedieron, las presiones de la moral social o el amor hacia sus esposas.

  • Junto al propósito expreso del marido de perdonar a la mujer adúltera, la carta incluía el compromiso del otorgante de no dar mala vida a su esposa; precaución que prueba la existencia de “perdones” que en última instancia no perseguían la reanudación de una vida marital pacífica;

Muy al contrario, muchos de estos esposos “indulgentes” tan sólo habrían procurado con su gracia el regreso al hogar de sus mujeres para poder disponer de ellas libremente y castigarlas según su criterio por el dolo perpetrado contra su honor. Finalmente, no faltaron quienes toleraron los excesos de sus mujeres o, incluso, se sirvieron de ellos para ganarse la vida.

Por regla general se trata de individuos pertenecientes a grupos sociales con pocos recursos, que ven en los regalos del amante a su esposa la posibilidad de salvar situaciones familiares complicadas. Aun a costa de su honor y fama, se dedican a beneficiarse de una situación cómoda, cuando no actúan abiertamente como rufianes cubriéndose con el manto legal del matrimonio.

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Más que sufridores, estos esposos eran tenidos por activos beneficiarios de los atractivos de sus mujeres. Tipos dignos de recibir cualquier tipo de burla o desprecio, como queda reflejado en la poesía burlesca de Quevedo. Y pecados castigados por la justicia con el castigo mayor: el presidio africano.

Frente a los consejos dirigidos a los esposos, a las mujeres víctimas de adulterio se les recomienda templanza y contención. Desplazadas por otras mujeres, se esperaba de ellas entereza y resignación. A lo sumo, podían mostrarse serias ante sus maridos para darles a entender el pesar causado por sus flaquezas, tratar de apartarlos del pecado con mansos consejos o encomendar su enmienda a Dios.

Como contrapartida, se criticaba la actitud de quienes, en vez de permanecer sujetas a sus cónyuges, los compelían, acechaban o espiaban para averiguar todo tipo de circunstancias. Suponemos que la mayoría de las mujeres de los Tiempos Modernos aguantaron con paciencia las consecuencias de las incontroladas pasiones de sus esposos.

No obstante, no todas se amoldaron al ideal propuesto por las instituciones. En ocasiones, cuando el cabeza de familia no cumplía con el deber de protección a satisfacción, las mujeres no tuvieron inconveniente en actuar con resolución a fin de enderezar la situación, sin descartar el acudir a los tribunales requiriendo ayuda, en especial cuando el adulterio venía acompañado de otros agravantes relacionados con el desembolso efectuado por los maridos infieles con sus amantes.

La convicción y perseverancia con que algunas se enfrentaron a la situación demuestra el carácter decidido de las protagonistas de estas historias, al tiempo que permite intuir la existencia de ciertas fisuras en el intocable poder patriarcal, rendijas identificadas y aprovechadas por las mujeres para hacer valer sus derechos y emplear los medios dispuestos a su alcance.

Aun así, no podemos omitir a aquellas mujeres que aceptaron convivir no sólo con sus esposos, sino también con las “amigas” de estos y con los hijos resultantes de la relación adúltera. Las esposas que aceptan esta anómala situación lo hacen porque no disponen de los medios necesarios para mantenerse por sí solas, ni quien pueda proporcionárselos.

Prefieren compartir techo con quienes las ofenden y sus vástagos antes que caer en desgracia por haberse despegado de sus incorregibles maridos. Incluso reclaman su liberación de la prisión y regreso al hogar por las penurias que esta situación genera en sus vidas.

  • En resumen, la conducta adúltera, incluso contraviniendo el orden establecido –desde el mundo de lo civil o de lo religioso-, representa la materialización de unas necesidades, afectivas y/o materiales;

Si estas son las causas, sus consecuencias tienen que ver con la subversión del equilibrio de las instituciones de los que la sociedad se vale para su pervivencia y evolución: la familia, en primer lugar; asimismo la comunidad.

¿Cuál es el matrimonio que vale para Dios?

El matrimonio eterno es esencial para la exaltación Nuestro Padre Celestial nos ha dado la ley del matrimonio eterno para que lleguemos a ser como Él.

¿Qué significa repudiar a su mujer en la Biblia?

Repudio en la Antigüedad Clásica – En la Antigüedad Clásica, la palabra repudio solía designar el acto legal mediante el cual el hombre se reservaba el derecho de disolver la unión conyugal con su mujer para volverse a casar. Para ejercer este derecho bastaba con apelar a las más diversas razones, desde la infertilidad hasta la conveniencia personal.

¿Qué significa el divorcio?

Uno de los temas contemplados y regulados por el derecho de familia es el divorcio. El divorcio ha sido definido como la disolución del vínculo matrimonial y que deja a los cónyuges en posibilidad de contraer otro matrimonio. En México, en la mayoría de los ordenamientos legales estatales del Derecho Familiar se reconocen dos tipos de divorcio uno que es el que se promueve ante la figura del Registro Civil y el otro ante la Autoridad Judicial.

¿Qué quiere decir 1 Corintios 7 15?

1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, a bueno es para el hombre no tocar mujer. 2 Pero a por causa de las b fornicaciones , cada uno tenga su c esposa , y cada una tenga su marido. 3 El marido a cumpla con la esposa el deber conyugal, y asimismo la esposa con el marido.

  1. 4 La esposa no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la esposa;
  2. 5 a No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en el ayuno y la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os b tiente c Satanás a causa de vuestra falta de dominio propio;

6 Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. 7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio a don de Dios; uno a la verdad de una manera, y otro de otra. 8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo.

9 Pero si carecen de dominio propio, cásense; a que mejor es casarse que b quemarse. 10 Y a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la esposa no a se separe del marido; 11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su esposa.

12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene esposa que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene a marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido no creyente es a santificado por la esposa, y la esposa no creyente, por el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían impuros; mientras que ahora son santos.

15 Pero si el no creyente se separa, sepárese, pues el hermano o la hermana no están sujetos a servidumbre en semejante caso, sino que a a paz nos llamó Dios. 16 Porque, ¿cómo sabes, oh mujer, si quizá a salvarás a tu marido? O, ¿cómo sabes, oh marido, si quizá salvarás a tu esposa? 17 Pero a cada uno como el Señor le a repartió , y como Dios llamó a cada uno, así haga.

Y así lo prescribo en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado alguno ya circuncidado? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno incircuncidado? No se circuncide. 19 La a circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de los mandamientos de Dios.

20 Cada uno en el llamamiento en que fue llamado, quédese en él. 21 ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; mas también, si puedes hacerte libre, procúralo. 22 Porque el que en el Señor es llamado siendo esclavo, a liberto es del Señor; asimismo, el que es llamado siendo libre, b esclavo es de Cristo.

23 Por precio sois a comprados ; no os hagáis esclavos de los hombres. 24 Cada uno, hermanos, en el llamamiento en que fue llamado, así permanezca para con Dios. 25 En cuanto a las que son vírgenes, no tengo mandamiento del Señor; pero doy mi parecer, como quien ha alcanzado a misericordia del Señor para ser fiel.

26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la dificultad que apremia, que bueno es a al hombre quedarse así. 27 ¿Estás ligado a esposa? No procures separarte. ¿Estás libre de mujer? No procures esposa. 28 Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.

29 Pero a esto digo, hermanos: El tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no las tuvieran, 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se regocijan, como si no se regocijasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31 y los que disfrutan las cosas de este mundo, como si no las disfrutasen, porque la a forma actual de este b mundo pasará.

32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero se preocupa por las cosas que son del Señor, de cómo agradar al Señor; 33 pero el casado se preocupa por las cosas que son del mundo, de cómo agradar a su esposa.

34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. 35 Esto digo para vuestro provecho; no para poneros restricción, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os dediquéis al Señor.

  1. 36 Mas, si a alguno le parece que no se comporta correctamente con respecto a su doncella, que pasa ya de edad, y que conviene que se haga algo, haga lo que quiera, no peca; cásense;
  2. 37 Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que domina su voluntad, y ha determinado en su corazón guardar a su doncella, bien hace;
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38 Así que, el que se da en casamiento, bien hace; y el que no se da en casamiento, hace mejor. 39 La mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.

¿Qué dice en Mateo 28 19?

19 Por tanto, id y haced a discípulos a todas las naciones, b bautizándolos en el nombre del c Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 a enseñándoles que guarden todas las cosas que os he b mandado; y he aquí, c yo estoy con vosotros todos los días, hasta el d fin del mundo.

¿Qué hacer si tu esposo no quiere luchar por tu matrimonio?

¿Cómo saber cuando ya no hay amor en un matrimonio?

Señales de que mi matrimonio se ha acabado – El analizar la pareja, el comportamiento, el ánimo de cada uno, puede ayudar a tomar una decisión. En algunos casos, tan solo un problema es suficiente para determinar la ruptura. En otros casos, la lucha por renovar la relación puede ser más dura. Varios ejemplos son:

  • Falta de comunicación  o ausencia de deseo sexual.
  • Ausencia de respeto y compromiso.
  • Falta de ganas de pasar tiempo juntos, discusiones.
  • Indiferencia ante la infidelidad.

Si no hay amor, compromiso, pasión, confianza y respeto, puede que sea hora de tomar medidas. De lo contrario, se cae en un autoengaño que lo único que finalmente puede lograr es prorrogar el sufrimiento y la zozobra de ambas personas.

¿Qué dice la Biblia de perdonar a tu pareja?

Dios hace nuevo a cada uno de nosotros cuando nos perdona. Una persona que no es capaz de perdonar, no se merece ser perdonada. El Señor nos ha perdonado, somos portadores del don que hemos recibido que es el amor misericordioso de Dios. Quien no ama no perdona.

¿Cuál es el matrimonio que vale para Dios?

El matrimonio eterno es esencial para la exaltación Nuestro Padre Celestial nos ha dado la ley del matrimonio eterno para que lleguemos a ser como Él.

¿Qué quiere decir 1 Corintios 7 15?

1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, a bueno es para el hombre no tocar mujer. 2 Pero a por causa de las b fornicaciones , cada uno tenga su c esposa , y cada una tenga su marido. 3 El marido a cumpla con la esposa el deber conyugal, y asimismo la esposa con el marido.

  1. 4 La esposa no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la esposa;
  2. 5 a No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en el ayuno y la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os b tiente c Satanás a causa de vuestra falta de dominio propio;

6 Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. 7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio a don de Dios; uno a la verdad de una manera, y otro de otra. 8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo.

  • 9 Pero si carecen de dominio propio, cásense; a que mejor es casarse que b quemarse;
  • 10 Y a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la esposa no a se separe del marido; 11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su esposa;

12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene esposa que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene a marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido no creyente es a santificado por la esposa, y la esposa no creyente, por el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían impuros; mientras que ahora son santos.

15 Pero si el no creyente se separa, sepárese, pues el hermano o la hermana no están sujetos a servidumbre en semejante caso, sino que a a paz nos llamó Dios. 16 Porque, ¿cómo sabes, oh mujer, si quizá a salvarás a tu marido? O, ¿cómo sabes, oh marido, si quizá salvarás a tu esposa? 17 Pero a cada uno como el Señor le a repartió , y como Dios llamó a cada uno, así haga.

Y así lo prescribo en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado alguno ya circuncidado? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno incircuncidado? No se circuncide. 19 La a circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de los mandamientos de Dios.

20 Cada uno en el llamamiento en que fue llamado, quédese en él. 21 ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; mas también, si puedes hacerte libre, procúralo. 22 Porque el que en el Señor es llamado siendo esclavo, a liberto es del Señor; asimismo, el que es llamado siendo libre, b esclavo es de Cristo.

23 Por precio sois a comprados ; no os hagáis esclavos de los hombres. 24 Cada uno, hermanos, en el llamamiento en que fue llamado, así permanezca para con Dios. 25 En cuanto a las que son vírgenes, no tengo mandamiento del Señor; pero doy mi parecer, como quien ha alcanzado a misericordia del Señor para ser fiel.

26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la dificultad que apremia, que bueno es a al hombre quedarse así. 27 ¿Estás ligado a esposa? No procures separarte. ¿Estás libre de mujer? No procures esposa. 28 Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.

29 Pero a esto digo, hermanos: El tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no las tuvieran, 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se regocijan, como si no se regocijasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31 y los que disfrutan las cosas de este mundo, como si no las disfrutasen, porque la a forma actual de este b mundo pasará.

  • 32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja;
  • El soltero se preocupa por las cosas que son del Señor, de cómo agradar al Señor; 33 pero el casado se preocupa por las cosas que son del mundo, de cómo agradar a su esposa;

34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. 35 Esto digo para vuestro provecho; no para poneros restricción, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os dediquéis al Señor.

36 Mas, si a alguno le parece que no se comporta correctamente con respecto a su doncella, que pasa ya de edad, y que conviene que se haga algo, haga lo que quiera, no peca; cásense. 37 Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que domina su voluntad, y ha determinado en su corazón guardar a su doncella, bien hace.

38 Así que, el que se da en casamiento, bien hace; y el que no se da en casamiento, hace mejor. 39 La mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.

¿Qué dice en Mateo 28 19?

19 Por tanto, id y haced a discípulos a todas las naciones, b bautizándolos en el nombre del c Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 a enseñándoles que guarden todas las cosas que os he b mandado; y he aquí, c yo estoy con vosotros todos los días, hasta el d fin del mundo.