Como Encontrar La Presencia De Dios?

Como Encontrar La Presencia De Dios

  1. Sea sincero con Él. A veces no podemos sentir la presencia de Dios porque hay algo que bloquea la comunicación entre él y nosotros.
  2. Lea las Escrituras en voz alta. Cuando hables audiblemente la Palabra inspirada de Dios, sentirás su poder y su presencia.
  3. Adorarle con amor. Dios habita en las alabanzas de su pueblo.
  4. Diga su Nombre. La gente a tu alrededor puede estar usando el nombre de Dios a diestra y siniestra (como una palabrota en la ira, o como una expresión
  5. Ora con rendición. Hay veces que lo necesitamos pero no sabemos qué decir o por dónde empezar. Comience diciendo su nombre y luego diga el clamor de su corazón.
  6. Dé un paseo y medite en lo que esta en su corazón. El ejercicio le da vida a su cuerpo, mente y corazón. ¿Te sientes espiritualmente muerto?
  7. Respira profundamente. A veces no podemos sentir la presencia de Dios, porque hay de todo lo demás que está sucediendo. Demasiado ruido, tráfico, confusión y ansiedad.

¿Cómo buscar la presencia de Dios?

Cuando se siente un vacío espiritual es el momento de buscar y reencontrarse con Dios. Esta es una tarea complicada y que exige un alto grado de dedicación e investigación. Hay que tener en cuenta que para llegar a hacerlo es necesario realizar una serie de sacrificios y concesiones. Es una manera de encontrar sentido a la vida. Desde unComo.

  • com te ayudamos en los primeros pasos para saber cómo encontrar a Dios;
  • Foto: Google Images Pasos a seguir: 1 Una buena manera de empezar es acudir a tu iglesia o centro de oración local, ya que te darán apoyo y ayuda en tu intención de encontrar a Dios;

2 Antes de empezar la búsqueda, es muy importante tener la mente abierta , ya que hay que estar atentos a las organizaciones que se burlan de Dios y a las que dicen que tienen la única verdad. Cada uno debe encontrar su propia verdad en la espiritualidad.

3 Una actividad que puede ayudar a encontrar a Dios es la consulta y lectura de libros de texto que tengan relación. Es una opción amena y de la que podemos sacar mucho provecho. 4 Hay que estar dispuesto a la fe.

Esta puede ser a veces racional y razonable y, a veces, todo lo contrario, pero seguir teniendo fe es lo que nos hará fuertes en la búsqueda de Dios. 5 La oración es el punto más importante para nuestro objetivo. Ayudará a cultivar nuestra fe y a comunicarnos con el Dios que buscamos.

6 Por último, encontrar alguien de confianza que ejerza de guía en nuestra búsqueda y nuestra fe, a través de su experiencia y sabiduría. En esta persona encontraremos los consejos que necesitamos y la ayuda en momentos de difíciles o de duda.

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¿Dónde se habita la presencia de Dios?

Cristo entró en nuestro espíritu – Cuando creemos en Jesucristo, lo recibimos como el Espíritu en nuestro espíritu. Estamos unidos a Él, y Él, quién es el Espíritu, no viene a visitarnos temporalmente, sino a morar en nuestro espíritu para siempre. ¡Cristo vive en nosotros!.

¿Qué provoca la presencia de Dios?

La presencia de dios renueva – fortalece –da nuevas fuerzas, cuando estés cansado, cuan- do te sientes débil, recuerda que nos da nuevas fuerza como las del búfalo.

¿Que nos aleja de la presencia de Dios?

5:20 idolatría, hechicerías, enemistades,pleitos,celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

¿Cómo se siente la presencia del Espíritu Santo?

Es probable que hayas escuchado a la gente decir: “En este momento siento el Espíritu muy fuerte”. Quizás tú también sientas algo en ese momento, pero ¿tienes algún problema si tú no lo sientes? Respuesta corta: en absoluto, porque las personas experimentan la influencia del Espíritu Santo de manera diferente.

  1. Eso es lo milagroso de los mensajes del Espíritu Santo: van dirigidos solo para ti;
  2. Para algunas personas, el Espíritu Santo puede hacer que se sientan impresionadas por la emoción y conmovidas hasta las lágrimas; para otras, las lágrimas rara vez o nunca llegan, lo cual está bien;

Para ellas, el Espíritu Santo puede producir un sutil sentimiento de gratitud, paz, reverencia o amor (véase Gálatas 5:22–23 ). En las Escrituras también se describe al Espíritu Santo como un “ardor” en el pecho (véase Doctrina y Convenios 9:8–9 ). Pero la intensidad o el grado de ese “ardor” puede ser diferente para todos.

A veces es como una pequeña brasa resplandeciente en lugar de un fuego arrasador. O tal vez hayas oído la descripción del Espíritu Santo como una “voz suave y apacible” (véase Doctrina y Convenios 85:6 ).

Y de inmediato pensaste: “Pero no he OÍDO una voz. ¿Me pasa algo?”. Y repetimos, no en absoluto. Esa descripción de las Escrituras no significa necesariamente que todos oímos una voz literal. El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El espíritu habla con palabras que sentimos.

  1. Tales sentimientos son delicados, un suave impulso a actuar, a hacer algo, a decir algo, a reaccionar de cierta manera”1;
  2. El punto es: cada uno de nosotros experimentará el Espíritu Santo de forma diferente y en diferentes grados;

Lo importante es que vivamos dignos de recibirlo y que lo reconozcamos cuando venga. Al hacerlo, empezaremos a notar que Su influencia está presente en nuestra vida mucho más de lo que esperábamos..

¿Como Dios se manifiesta en la vida de las personas?

06/01/2018 – Después del nacimiento de Jesús y su presentación en el templo, quiero hablar de la manifestación de Dios en nuestro mundo, en cada uno de nosotros. He visto que en estas fiestas le hemos dado importancia a la parte superficial, dejando de lado la manifestación de Dios.

En el Antiguo Testamento había presencia de Dios, y los profetas que iban a anunciar la llegada del Hijo de Dios, también vivían esa manifestación. Y Jesús nació para manifestar el amor de Dios. Entonces, es esa fiesta la que debemos vivir, y no las otras cosas.

Es muy importante celebrar su manifestación. No podemos decir que somos cristianos, sin buscar a esa persona, su estrella, su luz. Dios nos ha elegido para que seamos sus compañeros, sus amigos, y sobre todo para vivir esa amistad con Él. Por eso, la manifestación de Dios en nuestra vida es para compartir.

No es solo la parte material lo importante, sino la parte espiritual. Hay muchas personas que dudan de su presencia y hacen todo por formalidad, por tradición, pero hay que enseñar a los hijos la importancia de lo espiritual.

Hay que enseñarles que los regalos que recibieron por los Reyes Magos, son regalos de Dios. Él ha hecho promesas con nosotros y por eso nos da lo que necesitamos. Hay que educar a esos niños para que el día de mañana no piensen que los padres le han mentido.

  1. Dios ha querido manifestarse en nuestra vida, por eso debemos ofrecernos y entregarnos a Él;
  2. Dios quizás no necesita oro, necesita nuestros corazones, nuestra vida, nuestra persona;
  3. Hay que hacer el encuentro verdadero y descubrir;

Dios se manifiesta también en los paganos, en los que no saben discernir. Seguramente, como dice San Pablo en la carta a los cristianos de rezos: “Hermanos seguramente habían oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensado en beneficio de ustedes.

  • Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer ese misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras;
  • Al leerlas se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu Santo a sus apóstoles y profetas;

Ese misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia. Son miembros de un mismo cuerpo y beneficiarios de la misma promesa que hizo Jesús por medio del evangelio. Dios es de todas las personas que viven en este mundo, por eso ha vivido esa encarnación, para darnos a nosotros esa gracia.

Si celebramos y participamos de las misas, debemos saber que Él continúa manifestándose a través de la Eucaristía. La Eucaristía es la presencia de Dios, Dios de la Trinidad, de ese cuerpo que Cristo ha ofrecido para salvarnos.

Que esa manifestación llegue a nuestros hermanos, a los débiles y los pobres. No nos quedemos solamente en ofrecer regalos, hay que mirar si no hay presencia de Dios en esas personas que sufren. Hoy se necesita hacer el encuentro con Dios para cambiarnos la manera de ver y pensar, para que esa manifestación transforme nuestra mentalidad, idea y pensamiento.

En todos lados podemos hacer encuentro con Dios, en las personas, en los dones que hemos recibido. Que estas fiestas de la Epifanía nos ayude a mirar no solo lo folclórico de los Reyes Magos. Es un acontecimiento bíblico y está adentro de la historia de la salvación.

Hoy tenemos que dar un paso más y preguntarnos dónde lo buscamos y dónde lo encontramos a Jesús. Es importante encontrar al Señor porque podemos abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad que son las manifestaciones de la fe. Cuando hacemos un acto de fe en la presencia de Cristo, lo adoramos a Él como Señor de nuestra historia y de nuestra vida.

Entremos en el camino de conversión, de cambiar aquello que no está adecuado con lo que Cristo nos pide. Vamos a pedir a Nuestra Madre, que siempre está a nuestro lado, que su presencia nos ayude a ver la presencia de su Hijo, para cambiar nuestra manera de actuar, por el bien de nuestra sociedad, de nuestra Iglesia y del mundo.

Que Cristo nos ayude a hacer un encuentro verdadero con Él y presentar su verdadera imagen que es Dios amor, solidaridad, paz, justicia, hoy y para siempre..

¿Donde dice la Biblia que Dios está en el tercer cielo?

2 Corintios 12:2—Pablo ve el reino celestial – El élder Bruce R. McConkie dijo: “Refiriéndose a sí mismo, Pablo dice que ‘fue arrebatado hasta el tercer cielo’, o sea, el reino celestial”( The Mortal Messiah , tomo IV, pág. 394).

¿Cuál es la morada de Dios?

¿En qué pensaríamos si nos preguntasen por lo que nos sugiere la expresión «morada de Dios«? Lo más probable es que muchos de nosotros respondiéramos: «el templo». Y, sin embargo, el Evangelio de hoy responde a esa misma pregunta de un modo distinto. La morada de Dios somos cada uno de nosotros.

Así lo expresa Jesús cuando dice: «Al que me ama, mi Padre le amará. Vendremos a Él y haremos morada en Él». Porque Dios ha escogido morar y habitar dentro de mí, hacer de mí la casa más deseada. Qué importante es ser consciente de la continua presencia de Dios en mi interior, de un Dios que me ama, no solamente desde la Eucaristía y los sacramentos, no sólo desde su grandeza y su inmensidad, sino también desde mi intimidad.

Cuando uno ocupa una casa nueva hay que decorarla, convertirla en su hogar. En la casa tiene que haber calor y cariño entre sus huéspedes, y el Evangelio de hoy es una invitación preciosa a que cada uno de nosotros tome conciencia del trato que estamos dando al huésped de nuestra vida, de nuestra casa, que es Dios nuestro Señor.

Y así, uno se podría preguntar: «Señor, qué cosas hay todavía en mí que están de más, que sobran o qué cosas hay todavía en mí que faltan y que deberían estar en esa casa que es mi personalidad, mi vida, mis sentimientos, mis emociones, mis valores, mis motivos».

Y, entonces, será el amor el que me llevará a intentar vivir una conversión pascual, de mejorar por amor, pero no por amor a mí mismo, no por amor a una imagen que me he creado para creerme más perfecto o para saberme mejor, sino que el único motivo será el amor que Dios se merece.

¿Qué pasa cuando hay ausencia de Dios?

Su Santidad el Papa, en una de sus alocuciones de los miércoles, hace muy poco decía: “Un hecho que parece calificar la historia y la civilización de nuestra época: la ausencia de Dios”. Se dice, por otro lado, que la ausencia de Dios actual está muy relacionada con la idea de que hay un progreso en marcha de tales proporciones que cambia la misma esencia dela humanidad.

En estas circunstancias se llega a pensar que en un futuro inmediato, es posible que lo religioso venga a ser algo parecido a una curiosidad, una excepción tal vez, como un fósil milenario. Esta fuerte ausencia de Dios tiene adquirida ya tal ciudadanía que nadie le discute su puesto en el mundo moderno.

Tan fuerte como para hacer pensar a muchos, si dada esa pretendida ausencia de Dios en nuestra sociedad, desaparecerán también los pilares en que ella se viene sustentando. O sea, si se desvanecerá todo aquello que se considera como perteneciente a unos principios morales, éticos, religiosos, unidos a la existencia de Dios.

  • Este mundo vacío de su presencia, dejaría a los creyentes, y en especial a los cristianos, convertidos en unos seres desarraigados, fugitivos de su patria, deshauciados de su propia casa, de su hogar de fe y tradición;

En este estado de cosa, no sólo preocupa la existencia presente, sino aún más el futuro: a una humanidad que caminara así, sin Dios, ¿qué le espera? Mirando el ambiente que nos rodea, muchos piensan que no podrá hablarse de una sociedad cristiana, de un Estado cristiano, un arte, un estilo literario o un quehacer que pueda llamarse propiamente cristiano: porque la crisis llega al fondo.

Es decir, está en juego, para estos pensadores, una nueva escala de valores, dándose por superados muchos valores llamados cristianos. Entonces no les extraña que incluso deba hablarse de abandonar la idea “de una civilización cristiana, y hasta de un humanismo cristiano” ( Danielou ).

Lo trágico de esta pretendida ausencia de Dios es que ni siquiera se pregunte a sí misma esta sociedad dónde está Dios; o sea, que no lo eche de menos, que su ausencia parezca lo más natural del mundo, lo que tenía que ser. Nos presentaría un cuadro muy parecido a un mundo inmerso en la incredulidad.

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Los cristianos estarían intentando dar una respuesta a alguien que no pregunta nada. Por eso, cuando en ciertos momentos se pretende entablar un diálogo con los ateos, hay quienes dicen que es algo inútil, porque ellos no se plantean ya el problema de Dios.

El encontrarse el cristianismo, no con una oposición directa y clara frente a Dios, sino con un contexto social que es en sí mismo el verdadero obstáculo para habar siquiera de Dios. Lo que acabamos de ver nos da idea de un hecho importantísimo en nuestro mundo, el fenómeno del ateísmo.

Para encontrar un paso importante en el proceso de la historia de ese fenómeno, hay que acudir sin duda a Nietzsche, proclamando en el umbral de nuestro siglo aquel grito de “Dios ha muerto”. En la base de todas las formas del ateísmo moderno se encuentra ese epitafio, que no era otra cosa que la traducción de un deseo existencial: el hombre quiere ser, ser todo lo que pide su realidad y para eso Dios estorba.

La observación de Nietzsche es muy importante y hoy cobra cierta vigencia. Porque para él, Dios no tenía ya poder, no existía porque había dejado de tener fuerza en la historia. Es decir, la idea de Dios no tenía ya ninguna vitalidad a su parecer, no tenía ya influencia en el mundo.

  • Se atrevía a decir, por eso, “Dios ha muerto”, aunque siguieran rezando hombres piadosos, aunque se escucharan los cantos solemnes de la liturgia y coros monacales; aunque existieran estructuras religiosas, porque ese Dios no estaba actuando ni en la vida ni en el pensamiento de esos hombres mismos; no tenía Dios presencia en las corrientes vitales que mueven la historia y la vida social;

Para él las iglesias, los monasterios, las catedrales y ermitas eran las tumbas de un Dios que había desaparecido..

¿Cuáles son las cosas que Dios detesta?

El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos’.

¿Que nos aleja o separa de Dios?

EL PECADO NOS ALEJA DE DIOS.

¿Qué hacer cuando te has alejado de Dios?

Como Encontrar La Presencia De Dios Trato de poner en palabras lo que ha sido mi camino en la Fe y pienso: “¿Cuándo fue la última vez que estuve cerca de Jesús?” Sí, de ese Jesús que toda la vida me dijeron que era mi amigo, mi confidente, alguien que camina conmigo a donde quiera que vaya. Seguramente tú que estás leyendo este artículo, atraído por el título, y motivado por una sequía espiritual o falta de ganas para retomar la oración, has venido buscando una respuesta clara a la pregunta que nos tiene aquí el día de hoy: ¿Cómo retomar mi fe? Déjame decirte que no tengo la receta secreta que te ayudará a responder esta pregunta, pero lo que sí puedo decirte es que la vida con Dios se parece mucho más a una montaña rusa -llena de sube y bajas- que a una carretera completamente recta.

Recuerdo un momento de mi vida muy particular en el que me acercaba a Dios una y otra vez y lo único que escuchaba era su silencio lejano y me preguntaba –como el cuento de caperucita y el lobo-: “Dios: ¡¿ESTÁS AHÍ?!”.

Te cuento esto para que veas que no eres la única persona que ha tenido, o tiene, un momento en el que se ha alejado de Dios, y algo que a mí me ha funcionado es tener muy claro que solo Dios es perfecto, pero en mi debilidad y con todas mis imperfecciones, Él me sigue amando y buscando cada día. Hoy quiero darte cinco consejos prácticos para que retomes este camino lleno de curvas: 

  1. Hazte la pregunta: ¿Quiero estar cerca de Dios? 

La respuesta a esta pregunta es tan sencilla como necesaria, porque con base en ella, podremos ir a los cuatro consejos siguientes o no. Si tu respuesta es: “Si”, continúa leyendo. Si tu respuesta es: “No”, calma, Dios no obliga a nadie. Él no quiere esclavos que se sometan a Su voluntad, quiere Hijos que lo elijan por amor. Pon los medios. –

  1. Ten vida de oración.

Visitar una Capilla en donde está el Santísimo, es una de las cosas que más me ha ayudado en los momentos en los que he estado alejada de Él. Simplemente platicar, porque eso es la oración, tener un diálogo con Jesús. Ten visitas frecuentes, así como irías a visitar a cualquier amigo, y sé muy sincero/a, dile: “Oye, la verdad es que en estos momentos no siento motivación para orar”, esa ya es una oración en sí.

  1. Lee Su Palabra para que sepas qué haría Jesús.

Tengo muy presente que en muchas ocasiones en las que dudaba cómo actuar, qué decir, o incluso qué callar, recibía este consejo: “Piensa: ¿qué haría Jesús?” por mucho tiempo me conflictuó esta respuesta porque cómo iba yo a saber qué haría una persona que no conocía. Por eso es importante que leamos los Evangelios, que nos adentremos en la Palabra de Dios, para saber cómo actuaba Jesús y poder hacerlo de ese modo. Te sorprendería saber que Jesús también oraba. Si Él necesitaba hacerlo, cuánto más nosotros.

  1. Visita a Jesús en la Eucaristía.

Los católicos tenemos el regalo de poder recibir a Jesús todos los días en la Eucaristía, un regalo que damos por hecho y valoramos poco. Si crees que te has alejado de Dios, visítalo en donde se hace presente por completo, y repite el acto de amor más grande que ha tenido por ti. La Santa Misa es la oración perfecta, no olvides que hay Alguien que te espera con los brazos abiertos.

  1. Ten una red de apoyo.

No podemos pretender que seguiremos siempre en un mismo camino, si vamos completamente solos, la realidad es que necesitamos de los demás para llegar a la meta. Tener un Director Espiritual y una comunidad te ayudará a no bajarte del barco tan fácilmente, los amigos en Cristo nos recuerdan que la vida con Dios vale la pena, no porque nuestras vidas sean perfectas sino porque en nuestra debilidad, Dios manifiesta Su fortaleza.

  1. Olvida las formas por un momento y recuerda que Dios quiere que te acerques a Él completamente humano/a;
  2. Ver la acción de Jesús en la vida de los demás muchas veces me ha ayudado a mantener la esperanza en un Dios que es fiel a Su palabra y que cumple Sus promesas;

Y tener dirección espiritual me ha iluminado el camino de una manera en la que nunca pensé que necesitaría alumbrar mi Fe. Yo te animo,  ¡haz la prueba y verás qué bueno es el Señor!  No quisiera terminar sin antes decirte que estar lejos de Dios significa saber que Él nunca se aleja de ti, no creas que esto es algo raro.

Te aseguro que Él te mira con ternura y se compadece, agradece que quieras volver, no te canses de buscarlo y recuerda que solo en Él hay vida en abundancia. Gracias por llegar hasta aquí, oro porque tu corazón y el de Jesús, se encuentren de nuevo, y cada día.

¡Hasta la próxima! “Nos has hecho Señor para ti e inquieto estará nuestro corazón, hasta que descanse en Ti”. – San Agustín LCF. Pamela Vizcaíno – @pamvizcaino.

¿Cómo se puede hablar con Dios?

Juan 4:23-24 nos dice que, “un tiempo se viene y has vendio cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en el Espíritu y en verdad, porque ellos son la clase de adoradores que busca el Padre. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” La comunicación con el espíritu de Dios es muy vital para la vida cristiana. Aunque la frase, “en el Espíritu” puede sonar esotérico, puede ser practicado por cualquier persona y es sinónimo de “profunda oración.

” “En el Espíritu” significa simplemente que el espíritu del hombre que se comunica con el Espíritu Santo de Dios. Una forma de comunicarse con él es mediante el uso del método “ACTS”: adoración, confesión, agradecimiento y súplica.

Pasos a seguir: 1 Encuentre un lugar cómodo. Aunque es posible comunicarse con Dios en cualquier lugar, haga todo lo posible para elegir un lugar que es tranquilo y libre de distracciones. Siéntese o acuéstese y relaje su cuerpo y la mente. Cierre los ojos si le ayuda a concentrarse.

2 Adore a Dios. Venid ante Él con un corazón de adoración y honestidad. Alabado sea Dios por lo que es y lo que ha hecho en su vida. Se puede ayudar a centrar en una característica específica de Dios y adorarle por eso.

Adore a Dios todo el tiempo que considere oportuno antes de pasar al siguiente paso. 3 Confiese sus pecados a Dios. Él sabe todas las cosas acerca de lo que ha dicho, pensado y hecho. Confiese todo lo que ha hecho mal en contra de Él y la gente que le rodea.

Pídale a Dios que revele las transgresiones que no son conscientes y confiese los mismos. Una vez que haya confesado todo lo que le viene a la mente, tenga confianza que Dios le perdonara como Él ha prometido hacerlo.

4 Agradezcale a Dios por todo lo que Él ha hecho por usted, por las oraciones que ha respondido en el pasado y por todas las bendiciones espirituales que le ha dado. Agradezca a Dios por las cosas materiales que tiene en la vida y por todo lo que está agradecido.

  • Lo más importante, dele gracias por la relación que tiene con él a través de Jesucristo;
  • 5 Traiga sus súplicas ante Dios;
  • Aproveche este tiempo para pedir a Dios que supla sus necesidades físicas y espirituales;

Si tiene cualquier pregunta o preocupación en su vida, llevelas ante él. No tenga miedo de pedirle las cosas, Él es su Padre. Ore por otras personas y eventos durante este tiempo. Cuando haya terminado de llevar sus peticiones delante de él, rece para que sólo las cosas que están en la voluntad de Dios, se llevará a cabo.

6 Escuche a Dios. Calme su mente y pidale que se revele ante usted. Guarde silencio ante Él y espere en silencio por él. Trate de ser consciente de su presencia a su alrededor. Permanezca en este estado todo el tiempo que desee.

Agradezca a Dios por escucharlo y ore para que Él este con usted durante todo el día. Si deseas leer más artículos parecidos a Cómo comunicarme con el espíritu de Dios , te recomendamos que entres en nuestra categoría de Cultura y Sociedad ..

¿Como Dios se manifiesta en las personas?

Revelación, tradición e inculturación. Pautas para un ensayo – A) LA REVELACIÓN Y SU ACOGIDA EN LA FE Dios se da a conocer al hombre por medio de la creación ( 1 ). Así, en sentido amplio, se podría hablar de una revelación por la creación. También intuimos su presencia en lo profundo de nuestro interior: hacia Él, suma Verdad y sumo Bien, tiende todo el dinamismo humano, y en Él encuentra la felicidad.

  1. Pero Dios, en su amor y libertad absoluta, puede venir al encuentro del hombre en la historia, autorrevelársele ( 2 );
  2. De hecho, fue así y su autocomunicación culminó en la donación de sí mismo en Jesucristo mediante el Espíritu;

La pascua de Jesús, su muerte y resurrección (con la donación de su Espíritu), es esa culminación, el comienzo de lo definitivo (escatología), de la venida del reinado de Dios. Pero para que haya revelación, para que sea salvadora respecto al hombre concreto, ella tiene que ser recibida, es decir, necesita la respuesta de la fe ( 3 ).

Esto es esencial al proceso de la autocomunicación de Dios: acoger su Palabra. La Palabra de Dios se la acoge propiamente en la fe, por la que el hombre se entrega a Dios en la obediencia de la fe ( 4 ).

La fe viva es transformante y el pecador es justificado. Lo que recibe no es un recuerdo de Cristo, sino al mismo Cristo actuante en su Espíritu, y así el creyente pasa a ser una nueva creación ( 5 ) en Cristo, un hijo de Dios, con acceso al Padre por Cristo en el Espíritu ( 6 ).

La fe es un don gratuito de Dios ( 7 ). Por eso se puede recibir a Dios sin convertirlo en ídolo, a la medida humana: en el fondo, Dios se recibe a sí mismo en nuestro acto de fe. La fe es eclesial. ¿Cómo creeríamos si no se nos anuncia el Evangelio? ( 8 ).

La Palabra reveladora de Dios convoca una comunidad, Iglesia, y es confiada a ella para su transmisión. Siempre que se recibe la Palabra, se produce (consuma) la revelación para ese individuo o comunidad. Lo que se revela y comunica es Dios mismo y su plan de salvación (economía) ( 9 ).

Es la revelación del reinado de Dios y su venida en la historia y como historia. Se comunica, pues, al hombre la verdad y amor salvíficos, la vida eterna, la comunión con Dios. Dios es la Verdad que se comunica.

La revelación, por tanto, es la autocomunicación salvadora de Dios al hombre en la historia, que se recibe en la fe eclesial. B) LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN Dios revela en la historia y utiliza a los hombres y comunidades creyentes para transmitir su revelación de unos a otros ( 10 ).

El hombre es así asociado a la acción de Dios. Así Jesús encargó a sus apóstoles (y sucesores) el anunciar el Evangelio, y todo fiel cristiano tiene el deber profético de testimoniarlo y proclamarlo ( 11 ).

Esa transmisión, que incluye la Escritura como forma privilegiada de ella, se llama también `tradición’, en un sentido amplio de esta palabra ( 12 ). En el sentido restringido, Tradición se contrapone a la Escritura. Así el concilio Vaticano II dice que la Tradición ( 13 ) y la Escritura están íntimamente conectadas y se comunican, formando, de algún modo, una unidad ( 14 ).

“La Sagrada Escritura, en efecto, es la locución de Dios, en cuanto, por inspiración del Espíritu Santo, se consigna por escrito; y la sagrada tradición, por su parte, transmite íntegramente la palabra de Dios, confiada por Cristo Señor y el Espíritu Santo a los Apóstoles, a los sucesores de ellos…” ( 15 ).

Ambas constituyen el `depósito de la revelación’, un tesoro entregado a la Iglesia para ser conservado y transmitido en forma íntegra y vital a todos los hombres que lo reciban en la misma fe. Escritura y Tradición son dos modos diferentes (íntimamente conectados y formando una unidad) en que nos llega la única revelación, la Palabra viva y operante de Dios, el Evangelio de Cristo ( 16 ).

Porque la única revelación transmitida oralmente por los apóstoles, fue consignada por escrito, en forma privilegiada ( 17 ), por inspiración del mismo Espíritu que asistía a los apóstoles en su predicación ( 18 ).

La Iglesia venera la Palabra de Dios con igual afecto en la Tradición y en la Escritura ( 19 ). La Iglesia no saca solo de la Escritura su certeza de todo lo revelado ( 20 ). La íntima trabazón entre Tradición y Escritura ( 21 ) corresponde muy bien a la naturaleza histórica y social del hombre.

  • Así la objetividad (en cierto sentido la letra) de la Escritura, que no admite cambio ( 22 ), parece indispensable para que la Tradición no se desvíe ( 23 );
  • ; y a su vez, la Tradición parece indispensable para que recibamos (interpretemos) la Escritura en forma vital y salvífica en los diversos tiempos y circunstancias ( 24 );
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En la Tradición, gracias al Espíritu Santo, la Iglesia reconoce lo que es Escritura inspirada y declara el canon de esta. Gracias al Espíritu, la Iglesia sabe que la revelación pública de Dios terminó con los tiempos apostólicos, que nos transmiten lo de Cristo, el Hijo, palabra definitiva de Dios, en el que ella culmina (Hb 1, 1s) ( 25 ).

“De donde se sigue que la economía cristiana, como nueva y definitiva alianza, no pasará jamás, y ya no hay que esperar nueva revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf.

1Tm 6, 14; Tt 2, 13)” ( 26 ). Así la revelación queda constituida delimitadamente como hecho histórico ( 27 ), y la tradición posterior se mueve en torno a la acogida y continua interpretación de una revelación ya históricamente realizada. Y es esa culminación conclusiva (escatológica) en Cristo, la que nos permite interpretarla desde Él y su pascua.

  • De lo contrario, al no estar cerrada como revelación, no tendríamos una clave segura de interpretación;
  • Y esa misma culminación conclusiva de la revelación en Cristo contribuye a que la Tradición sea un constante volver a esa su fuente para una mejor interpretación de la revelación en el presente;

Así la Tradición, transmitiendo la revelación, vive reinterpretándola, explicitando y profundizando, pero no añadiendo nuevo contenido, porque la revelación pública ya está terminada ( 28 ). Es interpretación sobre todo de la Biblia ( 29 ), pero también de los testimonios de la tradición eclesiástica para llegar a escuchar lo que la Palabra de Dios, siempre actual, nos quiere decir ahora, a la luz del testimonio interior del Espíritu.

Pero, gracias al Espíritu Santo, la Tradición termina en una nueva acogida en la fe, lo que constituye a su vez revelación para ese nuevo creyente (30). De esta manera la revelación continúa aconteciendo salvadoramente para nosotros, en nuestra apropiación vital por la fe.

Nos dice el Concilio: “Por la misma Tradición conoce la Iglesia el canon íntegro de los libros sagrados, y las mismas sagradas letras son en ella entendidas más a fondo y se tornan constantemente operantes; y así Dios, que habló antaño, sigue hablando sin intermisión con la esposa de su Hijo amado; y el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y por ella en el mundo, conduce a los creyentes a toda la verdad y hace que en ellos habite copiosamente la palabra de Cristo (cf.

Col 3, 16)” ( 31 ). Así la revelación va llegando a los hombres a lo largo de la historia. No es, como ya dijimos, que Dios nos dé una nueva revelación pública, sino que se trata de la misma revelación pasada que, bajo el Espíritu, se va actualizando y enriqueciendo en su comprensión por los creyentes, y a través de este proceso Dios nos sigue hablando.

Dios, por tanto, sigue obrando la historia de salvación en y a través de su revelación en Cristo. En la lectura de los signos de los tiempos ( 32 ), el Espíritu Santo nos abre a nuevas perspectivas de la acción de Dios, que nos permiten una mejor actualización de la Tradición.

La Iglesia, en su doctrina, vida y culto, transmite todo lo que ella es, todo lo que cree ( 33 ). Y no solo la jerarquía, los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, las asociaciones de fieles, sino también todo fiel cristiano ( 34 ) está llamado a dar testimonio de su fe, a ser eslabón en esta cadena de transmisión (recepción y nuevo testimonio) de la revelación, que comenzó con el testimonio de la acogida primitiva y fundante de parte de la Iglesia apostólica ( 35 ).

En la cadena de transmisión se destaca la época de los Padres de la Iglesia ( 36 ). Pero el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o por Tradición, compete al Magisterio de la Iglesia, el que no está por sobre la Palabra de Dios sino a su servicio ( 37 ), y goza en determinadas circunstancias del carisma de infalibilidad por asistencia especial del Espíritu.

Pero, como la revelación termina en el creyente y Dios se revela a su Iglesia, a todos sus fieles, la comunidad creyente en su conjunto, conducida por el Espíritu, no puede errar en su fe ( 38 ), y al servicio de esa fe está el Magisterio.

De ahí que tanto Pío IX como Pío XII, antes de proclamar respectivamente los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María, hayan preguntado por la fe, en esas verdades, de todas las Iglesias particulares. C) EL ESPÍRITU UNIVERSALIZA Y DESARROLLA EN EL TIEMPO El acontecimiento de Jesús, nuestro único mediador de la Nueva Alianza ( 39 ), fue un hecho singular en la historia, que Dios realizó una vez para siempre, como nos dice Hb respecto al sacrificio de Cristo ( 40 ).

Y sin embargo, es la Palabra decisiva de salvación para todas las edades y circuntancias de los hombres. No ha sido dado otro nombre bajo el cielo en el que uno se pueda salvar ( 41 ). El plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo ( 42 ).

Cristo, siempre presente, de diversas maneras ( 43 ), en su Iglesia peregrina hasta la consumación de los tiempos ( 44 ), está sentado a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros ( 45 ), esperando que sus enemigos sean sometidos bajo sus pies ( 46 ).

Entonces entregará el reino al Padre para que Dios sea todo en todos ( 47 ). ¿Cómo se universaliza la pascua salvadora de Jesús para todos los tiempos? Por el Espíritu de filiación ( 48 ) que nos derrama el Señor resucitado ( 49 ) y constituido en espíritu vivificante ( 50 ).

El Espíritu es el don de Dios en los últimos tiempos ( 51 ), que está en nuestros corazones ( 52 ) y clama al Padre a nombre nuestro ( 53 ). Nos configura a Cristo, la Palabra de Dios. El Espíritu, que ya actuó en los profetas, en Jesús, en los apóstoles y en la fijación por escrito de la revelación, es el que actúa en la transmisión (“tradición”) de ella, en su acogida por el creyente.

Es el que une (y da la identidad) a través de la pluralidad de expresiones de los hombres en la contemporaneidad, y a través de los tiempos históricos ( 54 ); y a la vez, es el que constantemente abre la Tradición a nuevas expresiones culturales en las cambiantes circunstancias.

Como atraer la Presencia De Dios | Pastor Juan Carlos Harrigan | 1569

Así como interviene en la inspiración de la Escritura, en la encarnación del Verbo, en la transubstanciación de las especies eucarísticas, así también a su nivel, en la siempre renovada inculturación de la revelación. Es la fuerza transformante de Dios para que recibamos su Palabra en la fe, su autocomunicación, y para que así seamos testigos ( 55 ).

  1. Este es el Espíritu de la verdad ( 56 ), maestro interior, que actualiza lo de Cristo para cada circunstancia y nos va conduciendo a la verdad plena ( 57 );
  2. El conoce las profundidades de Dios y nos hace profundizar en el conocimiento del misterio ( 58 );

Y el creyente, en la medida de su conformación con Cristo (en su seguimiento) y de su apertura y docilidad al Espíritu, reflejando en sí mismo cada vez más el misterio de Dios, va creciendo en su comprensión. En ese sentido, el santo, transparencia de Dios y de Cristo, manifestación más cumplida de la revelación salvadora, es un lugar teológico para la profundización en la revelación ( 59 ).

  • Igualmente el pobre en el espíritu, de quien es el reino de los cielos ( 60 ), nos enseña quién es el Dios que se ha revelado y cómo corresponderle; en él encontramos a Jesús ( 61 );
  • Por otro lado, el Espíritu Santo es el que va purificando, vivificando y cristificando las culturas ( 62 ) en las que se presenta la revelación, se expresa la fe;

Así la inteligencia de la revelación va creciendo con el paso del tiempo, se va enriqueciendo hasta el día de la plenitud del reinado de Dios. Nos dice el Concilio: “Esta, que es la Tradición desde los apóstoles, progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo: pues crece tanto la percepción de las realidades cuanto de las palabras transmitidas, ya sea por la contemplación y estudio de los creyentes, que la confieren en su corazón (Lc 2, 19 y 51), ya sea por la íntima inteligencia de las cosas espirituales que experimentan, ya sea por el anuncio de aquellos que recibieron el carisma cierto de la verdad con la sucesión del episcopado.

Es decir, la Iglesia, en el correr de los siglos, tiende incesantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que en ella se consumen las palabras de Dios” ( 63 ). Y en el día final ya no veremos en fragmento y en espejo, sino en la transformante visión cara a cara ( 64 ).

La comunidad de los salvados, Iglesia celeste, contemplará y alabará ( 65 ) en el gozo exuberante del cielo, en que Dios se nos comunicará directamente ( 66 ). Esto no significa que entonces se evacue el misterio del Dios uno y trino sino que este se volverá más esplendente como trascendente origen y patria de todo ( 67 ).

D) LA INCULTURACIÓN La aceptación de la revelación siempre es inculturada, porque la recibe (se la apropia) el hombre dentro de su cultura, en la que vive, piensa y se expresa; y así la transmite ( 68 ).

El mismo Verbo de Dios en su Encarnación, haciendo culminar la historia salvífica, se apropió la cultura de su época y medio, expresándose en ella. La autorrevelación de Dios es, pues, expresada y recibida en un lenguaje humano. ¿Puede el lenguaje humano elaborado a partir de lo sensible, expresar al Dios trascendente y su acción respecto al hombre? Aunque siempre queda corto, puede analógicamente, porque el lenguaje humano está abierto a ser “vehiculado” para significar, o hacer presente y comunicar una realidad que lo trascienda.

Correspondientemente en nuestro interior experimentamos la autotrascendencia del dinamismo de nuestro espíritu hacia la Verdad y Bien absolutos. Pero nos advierte el concilio lateranense IV que en toda semejanza entre el Creador y su creatura hay que notar una mayor desemejanza ( 69 ).

Jesús nos habló de Dios, su Padre, y nos contó la venida de su reinado en parábolas. Y ver a Jesús es ver al Padre ( 70 ), porque Cristo es la imagen del Dios invisible ( 71 ). Jesús en la cruz nos revela en plenitud que Dios Padre es amor ( 72 ). Este amor se muestra triunfante ( 73 ) en la pascua de Jesús, que incluye la donación del Espíritu de vida y libertad ( 74 ), de filiación.

La revelación no puede no ser inculturada, pero las culturas son diferentes y cambiantes como el hombre a través de su historia. Por eso la Tradición debe ser viva, bajo la acción del Espíritu, para que la Palabra de Dios resuene con fuerza salvadora, sea interpelante, anuncie la buena nueva en lenguaje apropiado para ese hombre en sus circunstancias ( 75 ).

Para esto se debe respetar la pluralidad de expresiones de la fe, p. en la liturgia, disciplina y modo de vida, dentro de la debida unidad. Para esto debería haber un cambio continuado en la forma de anunciar y presentar la Palabra conforme a la sucesión de las épocas.

  • Para realizar esto, ¿se puede distinguir fácilmente entre el contenido de la revelación y su forma de inculturación, propia esta última de una época, que puede haber ya pasado? La primera dificultad es que no podemos concebir un contenido sin algún tipo de lenguaje, que siempre lleva consigo la particularización de la cultura, debido a sus circuntancias;

Pero en la historia de la expresión de la fe, se va como decantando, sedimentando, de otra manera, el núcleo permanente de esta y, por tanto, de la revelación, a través de las nunca del todo satisfactorias expresiones de nuestro deficiente y cambiante lenguaje.

Porque la fe, comunicada y entregada al hombre en la Tradición, está siempre en busca de inteligencia y de una más adecuada expresión ( 76 ). Así, con esta transformación sucesiva del lenguaje, se va perfilando mejor el contenido de la Revelación.

Es la autocomunicación de Dios que se va iluminando con las cambiantes circunstancias. Es obvio que las diversas transculturaciones del mensaje van enriqueciendo su comprensión progresivamente. Además va creciendo, como ya dijimos, la intelección del misterio revelado, transmitido y experimentado, conduciéndonos el Espíritu a la verdad plena ( 77 ).

De esta manera, dada la mayor inteligencia y explicitación, se habla de la evolución o profundización del dogma, dentro de la misma fe ( 78 ). En la transmisión y desarrollo vital de la comprensión de la revelación encontramos, pues, una tensión permanente entre la unidad (histórica o diacrónica, y sincrónica) ( 79 ) y la diversidad plural.

El centro de unidad no solo es el origen, el contenido y la misión, sino el mismo Dios que se sigue revelando a cada hombre y comunidad en esa cadena de transmisión de la fe a través de su único Espíritu. Así los creyentes entran a participar de la única fe de la Iglesia que camina en la historia hacia la morada del Padre.

Esta revelación una, continuada, plural en sus expresiones, vehiculada por la Tradición, que siempre se renueva (se pone al día) meditando sus orígenes y que va profundizando su autocomprensión, es una admirable obra del Espíritu en la historia (80 ), que nos manifiesta el amor de Dios.

Es la presencia entre nosotros del Cristo glorioso, que nos va integrando a su pascua victoriosa, y a su obediente entrega al Padre. Y esta armonía o comunión sincrónica y diacrónica ( 81 ) (con una apostolicidad que se sigue renovando en la historia y abierta a la escatología) es una gran señal de que se trata del cauce auténtico de la Tradición viva, de su verdad, cuya manifestación culminará en la plenitud de los tiempos.

  • Presupone la armonía con la Escritura, que nos hace siempre presente la fundante tradición apostólica ( 82 );
  • El sensus fidei ( 83 ), obra del Espíritu, sabe discernir si lo que se dice, obra y vive corresponde (refleja) o no lo de Jesús;

Por eso que es tan importante la recepción por parte de toda la Iglesia. La Jerarquía, además de transmitir la Tradición en su predicación, etc. , es la gran garante de su autenticidad, bajo la asistencia del Espíritu. El gran lugar teológico es, pues, la Iglesia.

  • El acto de fe, como dice Santo Tomás ( 84 ), no termina en las palabras o expresiones sino en la realidad;
  • Como comenta el Catecismo de la Iglesia Católica ( 85 ), “nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe”;
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Y el misterio siempre va a estar más allá, va a exceder a sus formulaciones. Pero porque el hombre siempre es el mismo, sus expresiones, si son fieles, alcanzan un valor universal, para todas las épocas, con tal que se las entienda según los contextos en que fueron definidas o adoptadas ( 86 ).

Así, por ejemplo, la liturgia ( 87 ) nos presenta un rico tesoro de expresiones de la fe; igualmente los concilios, etc. Con todo, es deber pastoral de la Iglesia seguir buscando mejores adaptaciones a las diversas culturas ( 88 ) justamente para mantener la vitalidad de la Tradición.

Mantener viva la Tradición para que la Palabra de Dios llegue a los contemporáneos en forma interpelante y salvífica, requiere de los teólogos, pastores y fieles cristianos un continuo esfuerzo hermenéutico para aggiornar el mensaje con una seria consideración de la Escritura y Tradición en sus contextos vitales y su respectiva reinterpretación también vital para el mundo de hoy.

Así se habla del círculo hermenéutico. E) EJEMPLOS DE RELECTURAS BÍBLICAS Sucesivas reinterpretaciones o desplazamientos de vocablos no solo acontecen en la tradición posbíblica, sino que estaban en el mismo corazón de la Biblia, a medida que se realizaba la progresiva revelación de Dios.

Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento el cumplimiento de una promesa puede convertirse en el punto de partida de otra ( 89 ); las profecías podrán ser reinterpretadas. Podríamos decir que hay una continua relectura de la revelación ya habida. Así la apocalíptica es una literatura de relectura.

Y el Nuevo Testamento va a ser también una relectura fundamental del antiguo, que culmina en él. Para el cristiano solo desde Cristo se lee en plenitud (se quita el velo ( 90 )) el Antiguo Testamento, que es una cierta preparación del nuevo, una gran profecía (en sentido amplio) de este.

Pero, a su vez, solo conociendo al antiguo se domina el lenguaje que va a ser reutilizado en el nuevo. La profecía, aunque sea sombra y tipo, sirve también para aclarar el cumplimiento. Nos dice DV 16: “Dios, por tanto, inspirador y autor de los libros de uno y otro testamento, los dispuso con tal sabiduría que el nuevo estuviera oculto en el viejo y el viejo manifiesto en el nuevo.

  1. Porque, si bien Cristo con su sangre fundó una nueva alianza (cf;
  2. Lc 22, 20; 1Co 11, 25), sin embargo, los libros del Antiguo Testamento, asumidos íntegros en el anuncio evangélico, adquieren y muestran en el Nuevo Testamento su significación completa (cf;

Mt 5, 17; Lc 24, 27; Rm 16, 25s; 2Co 3, 14-16) y, a su vez, lo iluminan y explican”. Más de una vez en la historia, la raíz veterotestamentaria ha contribuido a que el cristianismo no derivara en gnosis. La relación del Nuevo Testamento al antiguo, como culminación, como superación y conservación a la vez, es clave para la correcta intelección del cristianismo.

  • Si nos fijamos ahora solo en algunos de los títulos de Jesús, en el Nuevo Testamento, percibiremos desplazamientos que corresponden a condiciones culturales y espirituales de profundización o explicitación de la fe;

Así, por ejemplo, el misterioso y ambiguo `Hijo del hombre’, que rememoraba el personaje de Dn 7 y que usó Jesús, según los evangelios, para autodesignarse, desaparece rápidamente en los otros escritos del Nuevo Testamento, y con el tiempo “Hijo del hombre’ se contrapondrá simplemente a `Hijo de Dios’, al tratar de Cristo ( 91 ).

Por el contrario, el título mesiánico de `Hijo de Dios’, al que se refiere el sumo sacerdote en el interrogatorio de la pasión, pasará a significar al Hijo unigénito del Padre, que es preexistente y fue enviado.

Y el mismo título `Cristo’, que para un judío significaba mesías (ungido), para muchos oídos griegos pasará a integrar el nombre propio `Jesucristo’. F) EJEMPLOS DE RELECTURAS DOGMÁTICAS Pasando a la época de los Padres de la Iglesia, época privilegiada y paradigmática de la Tradición, en que se produce la inculturación greco-latina de la revelación, también constatamos en ella desplazamientos en las expresiones de la fe.

Si nos fijamos solamente en la elaboración de las fórmulas dogmáticas, de gran trascendencia salvífica y de mucho influjo en la cultura, que expresan los misterios del Dios trino ( 92 ) y la encarnación ( 93 ), veremos lo difícil de la búsqueda, el tiempo que tomó y la recuperación de fórmulas o vocablos que podrían parecer rechazados en ciertos momentos.

Así, por ejemplo, entre Nicea y Constantinopla I, los Padres Capadocios tienen que reformular la noción de hipóstasis como diferente a la de ousía, contrariamente a la equivalencia de esos dos vocablos en Nicea. Agustín, que traduce la “hipóstasis” griega por “substancia”, dirá que la fórmula trinitaria griega quizás se deba al uso de esa lengua.

El hablará de “tres personas”, pero esto para no quedarse callado y por tradición, porque si persona es un absoluto (no un relativo), debería ser una ( 94 ). Pasando ahora a la fórmula de la Encarnación, en Calcedonia se niega el “de dos naturalezas” de Eutiques, para afirmar la persona “en dos naturalezas”, después de la unión.

Sin embargo, una vez consolidada esta interpretación básica, se retomará el “de dos” adjuntándolo a “en dos” ( 95 ). Igualmente se propondrá una lectura ortodoxa para la fórmula de S. Cirilo de Alejandría: “una naturaleza del Logos Dios, encarnada” ( 96 ).

  • Más aún, después de la histórica y lamentable separación de la Iglesia Ortodoxa Copta respecto a la Iglesia Católica, ambas Iglesias acaban de reconocerse mutuamente la fe verdadera bajo expresiones diferentes ( 97 );

Estos ejemplos nos señalan algunas de las búsquedas e insatisfacciones que rodean las fórmulas con que expresamos el misterio en el deficiente lenguaje humano y que es dependiente de las culturas. G) REVELACIÓN CRISTIANA Y POSIBLES MANIFESTACIONES EN OTRAS RELIGIONES Vista esta presentación sumaria de algunos aspectos de la Tradición viva, terminemos considerando cómo pueda la Revelación en la práctica ser ofrecida a todos los hombres y ser aceptada, con ayuda de la gracia, por los hombres de buena voluntad, cuando estos se encuentran fuera de las fronteras del testimonio y de la predicación cristianos, cuando no están directamente al alcance de la Tradición.

  1. Recordemos que la revelación es salvadora y que la fe es condición de salvación ( 98 );
  2. Por otro lado, Dios quiere que todos se salven ( 99 ) y existen masas y culturas en las que no se oye hablar de Cristo;

En ese contexto histórico, si la posibilidad de salvación es real, tenemos que aceptar que basta la fe implicada en una real entrega del hombre al `Dios desconocido’ ( 100 ). Y en esa fe implícita se realiza para esos hombres, a su modo, una cierta revelación (entendiéndola no en el sentido de la revelación cristiana) o manifestación salvadora que culmina en ese acto de fe.

Pero además de esto, algunos, como K. Rahner ( 101 ), se preguntan si Dios no habrá `revelado’ (en el sentido recién dicho), para algunos públicos en alguna otra religión, algo de su verdad, en los enormes espacios y tiempos de la historia, dado el corto espacio de tiempo de la revelación “oficial” judeocristiana y de su tradición posterior.

Pero esos como girones de manifestación de Dios, que entonces podríamos tener en otras religiones, oscurecidos por el pecado de los hombres y pueblos, no estarían garantizados por Dios. Y la forma de discernir la posible verdad revelatoria en ellos sería con la luz del Nuevo Testamento, con el criterio de lo de Cristo Jesús.

  • H) CONCLUSIÓN La Revelación es, pues, la Palabra de Dios para salvación de los hombres;
  • Está inculturada en el lenguaje humano, lenguaje que aportan las culturas y que es, a su vez, transformado por esta Palabra;

Así la Palabra de Dios, revelada e inculturada, guarda una profunda similitud con Jesús, la Palabra del Padre encarnada y también inculturada, en el que culmina toda palabra, toda revelación de Dios ( 102 ). Él, el revelador, enviado por el Padre ( 103 ), está siempre presente en su Iglesia, de la que es cabeza ( 104 ).

Su Espíritu es el maestro interior que nos lleva a toda verdad sobre Él y nos lo actualiza; es el gran agente de inculturación de la revelación. En la Eucaristía, en que Cristo goza de varias presencias ( 105 ), tenemos ambas palabras de Dios: la mesa de la Escritura y la mesa en que Cristo y su sacrificio redentor se hacen verdadera y realmente presentes en misterio ( 106 ).

La primera se ordena a la segunda. Y así como la Eucaristía prolonga la Encarnación de Cristo en extrema kénosis ( 107 ), así también, en cierta manera, la Palabra de Dios (inculturada) es también una encarnación del Dios que se revela, y apunta a la Encarnación de Cristo en el seno de María la Virgen.

Solo queda que todo el pueblo de Dios, bajo la guía del Espíritu y siguiendo la auténtica interpretación del Magisterio, reciba siempre inculturadamente la revelación y, dando testimonio, la transmita en forma viva y creativa a otros hombres, generaciones y culturas, para la salvación.

Y para descubrir toda la riqueza de la Tradición debemos escuchar atentamente las expresiones del Espíritu en las otras Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, debemos convertirnos a la Palabra viviente. El Dios de la revelación es el Dios de la vida y de la salvación, que tiene un amor especial por los más pobres.

RESUMEN El autor nos presenta un ensayo sobre la Tradición. Después de describir el papel de la Escritura y tradición en la transmisión de la revelación, destaca la gran obra del Espíritu al respecto. La revelación sigue realizándose para el creyente que la acepta en la fe.

La revelación siempre es inculturada en la diversas y cambiantes culturas humanas. En ese sentido no hay una revelación pura a la que se pueda simplemente añadir o sacar una cultura determinada. Con todo, en la historia se va como decantando, sedimentando, un núcleo permanente de la revelación, más allá de las expresiones culturales.

  1. Se produce un progresivo enriquecimiento en su comprensión;
  2. La armonía sincrónica y diacrónica constituye una gran señal del cauce auténtico de la Tradición;
  3. Como la verdad no se agota en las palabras, el autor trae ejemplo de relecturas bíblicas y patrísticas;

Finalmente, se pregunta por posibles manifestaciones “reveladoras” de Dios, al margen de la tradición cristiana. ABSTRACT The article presents an essay on the Tradition. After describing the role of the Scriptures and the Tradition in the transmission of the revelation, the author highlights the great work of the Spirit in this respect.

He claims that the revelation is still in progress for those who accept it with faith. This revelation always appears embedded in the various changing human cultures. In this sense, there is not a pure revelation, to which a certain culture can be simply added to or removed from.

However, there is a certain permanent core of the revelation, which seeps into history, as sediments, going beyond cultural manifestations, and providing so a progressive enrichment to its understanding. The synchronic and diachronic harmony makes up the sign of the authentic path of the Tradition.

¿Qué significa tener un encuentro personal con Dios?

El Encuentro es un retiro de tres días y se constituye en la primera experiencia que tiene un nuevo creyente para recibir un nuevo nacimiento y una transformación de vida. – “Más yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo:¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús”.

(Hechos 9:3-5) RVR1960 La vida entera del ser humano depende de un Encuentro. ¡De un Encuentro con Jesús! Esto es la experiencia más maravillosa que cualquier persona pueda tener. Conocer a Jesús nos da vida eterna, nos hace libres, nos permite restaurar nuestra relación con el Padre y disfrutar de la plenitud de Su bendición.

Antes de conocer a Jesús, el apóstol Pablo era conocido como Saulo de Tarso, un perseguidor de la iglesia cristiana, quien por su celo religioso pensaba que el cristianismo era un peligro para los judíos. La Palabra describe la actitud de Saulo frente la iglesia de la siguiente manera: ” Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén ” (Hechos 9:1-2).

  1. Sin embargo, cuando iba camino a Damasco, ocurrió lo extraordinario, una luz rodeó al apóstol y así conoció a Jesús;
  2. Después de su Encuentro, Pablo dijo: ” Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí ” (Gálatas 2:20);

Y se convirtió en el más ferviente predicador del evangelio, llevando el mensaje a todos los rincones de la tierra. ¿Qué produjo un cambió tan radical en la vida de Pablo? Un Encuentro con Jesús, y vemos que lo mismo sucedió con grandes hombres de Dios como Jacob, Moisés o Pedro.

Todos fueron transformados por el poder de un Encuentro y además recibieron un poderoso llamado que los llevó a cumplir el propósito del Señor. Es importante entender que uno de los frutos de un Encuentro es el llamado al ministerio: ” Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados ” (Hechos 26:15-18) RVR1960 Conozco algunas personas que tratan de implementar la Visión como si fuera un simple método, esperando ver grandes resultados solamente por seguir algunos pasos, pero se olvidan de lo más importante: que todo, incluyendo el crecimiento ministerial, empieza teniendo un Encuentro con Jesús.

Quiero hacerle una pregunta, ¿Ha tenido usted un Encuentro personal con el Autor de la Vida?  Todo el éxito ministerial depende de su relación con Jesús. Así que quiero invitarlo a que le busque de todo corazón.

¡Él anhela usarlo poderosamente para extender el reino de Dios a través de su vida! Prólogo, Ps. Cesar Castellanos,2018,”EL ABC DE LA VISIÓN”,G12 Editores.