Como Amar A Dios?

Como Amar A Dios
Qué es Amor a Dios: – Amor a Dios se refiere a conectar la mente, el corazón y el alma para hacer todo aquello que haga feliz a Dios , de allí que sea el primer y más importante mandamiento para los cristianos. Amar a Dios es una actitud que implica voluntad, reflexión y compromiso, es decir, proyectar el amor que él nos da a través de nuestro espíritu y acciones diarias.

  1. Cabe destacar que Dios es amor, y que su amor lo demostró a través de Jesucristo;
  2. Por tanto, amar a Dios es aceptar que él está en nuestro espíritu;
  3. Cuando un individuo ama es porque reconoce su voluntad por ser sincero y por realizar sacrificios a fin de hacer feliz al ser amado, lo que implica aceptar que no siempre se puede hacer lo que genere gozo o disfrute;

Por ello, amar a Dios se refiere a hacer su voluntad y fundamentar nuestros deseos y actos en sus mandamientos y palabra. En este sentido, hay que amar a Dios como él quiere ser amado y no como nosotros queramos amarlo. Por ejemplo, en una relación las personas suelen ser cariñosas, atentas y obsequian aquello que le gusta a su pareja a fin de agradarla y hacerla sentir especial, por tanto, no se da aquello que queremos o nos gusta a nosotros mismos.

  1. Por ello, la mejor manera de demostrar el amor a Dios es alineando lo que sentimos y deseamos a través de nuestra mente, corazón y alma (ya que trabajan juntos) y, de esta manera fundamentar nuestra voluntad a la de Dios;

Ahora bien, si por el contrario se desvía la mente, el corazón o el alma, es porque el individuo está cayendo en pecado y no es capaz de reflejar y demostrar los mandamientos y palabra de Dios. No obstante, se puede volver a la voluntad de Dios a través de la oración, la confesión o de la comunión.

¿Cómo se demuestra el amor a Dios?

Servir y amar al prójimo – “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” ( Mateo 22:37–39 ). “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los unos a los otros, como yo os he amado” ( Juan 15:12 ).

Demostramos nuestro amor hacia Dios al guardar Sus mandamientos (véase Juan 14:15 ) y al amarnos los unos a los otros (véase Juan 13:34 ). Si tiene un familiar o un amigo que experimente atracción hacia personas del mismo sexo o se identifica como gay, ámelo.

El presidente Henry B. Eyring observó: “Si deseáramos sentirnos cerca de alguien a quien amamos, pero de quien estamos separados, sabríamos hacerlo. Encontraríamos la manera de hablarle, de escucharle y hallaríamos la forma de hacer algo el uno por el otro.

Cuanto más a menudo lo hiciéramos, tanto más profundo sería el vínculo del afecto que nos uniría. En cambio, si pasara mucho tiempo sin hablarnos, escucharnos y sin hacer nada el uno por el otro, el vínculo se debilitaría.

“Dios es perfecto y omnipotente, y ustedes y yo somos tan solo mortales. Pero Él es nuestro Padre, nos ama y nos ofrece la misma oportunidad de acercarnos a Él como lo haría un buen amigo. Y tú lo harás de la misma manera: hablando con Él, escuchándole y actuando en consecuencia” (véase ” Acerquémonos a Dios “, Liahona, julio de 1991, págs.

  • 71–72);
  • Usted demuestra su amor a Dios al amar y servir a los demás;
  • “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios” ( Mosíah 2:17 );

¿Qué significa amarse los unos a los otros? El amor cuida. El amor escucha. El amor incluye. El amor inspira. El amor está en el centro de lo que nos hace humanos, ya que somos hijos de Dios y “Dios es amor” ( 1 Juan 4:8 ). En la Última Cena, el Salvador reiteró: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” ( Juan 13:35 ).

¿Cómo se puede amar a Dios sobre todas las cosas?

El verbo amar, fundamental – Todos sabemos la importancia que tenían los mandamientos para los judíos, y la sigue teniendo ahora también para los cristianos. Por tanto, Jesús sabía que la respuesta a aquella pregunta, era todavía más importante. ¿Qué es lo primero que tenemos que hacer? Amar.

Ese es el primer verbo que utiliza. Este primer mandamiento indica que Dios debe ser lo más importante en tu vida. Hay que amarlo, respetarlo, vivir cerca de Él con la oración. Si tenemos en cuenta que Dios lo es todo para nosotros, enseguida queda claro que el significado del primer mandamiento no va de amar a alguien en concreto, ni de adorar a ningún ser superior.

¿De qué va, entonces? Los Jesuitas, en su catequesis, nos dejan este precioso mensaje: “Amar a Dios sobre todas las cosas no significa amar solo a Dios o amarlo más. Quizás significa amarlo en todas. O que allá donde amas de verdad puedas aprender a descubrir el reflejo del Dios que es amor. Como Amar A Dios.

¿Cómo vivir en el amor de Dios?

Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado, hagan ustedes lo mismo. Sobre todo revístanse del amor que es el vínculo de la perfección.

¿Qué quiere decir amar a Dios?

Qué es Amor a Dios: – Amor a Dios se refiere a conectar la mente, el corazón y el alma para hacer todo aquello que haga feliz a Dios , de allí que sea el primer y más importante mandamiento para los cristianos. Amar a Dios es una actitud que implica voluntad, reflexión y compromiso, es decir, proyectar el amor que él nos da a través de nuestro espíritu y acciones diarias.

Cabe destacar que Dios es amor, y que su amor lo demostró a través de Jesucristo. Por tanto, amar a Dios es aceptar que él está en nuestro espíritu. Cuando un individuo ama es porque reconoce su voluntad por ser sincero y por realizar sacrificios a fin de hacer feliz al ser amado, lo que implica aceptar que no siempre se puede hacer lo que genere gozo o disfrute.

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Por ello, amar a Dios se refiere a hacer su voluntad y fundamentar nuestros deseos y actos en sus mandamientos y palabra. En este sentido, hay que amar a Dios como él quiere ser amado y no como nosotros queramos amarlo. Por ejemplo, en una relación las personas suelen ser cariñosas, atentas y obsequian aquello que le gusta a su pareja a fin de agradarla y hacerla sentir especial, por tanto, no se da aquello que queremos o nos gusta a nosotros mismos.

  1. Por ello, la mejor manera de demostrar el amor a Dios es alineando lo que sentimos y deseamos a través de nuestra mente, corazón y alma (ya que trabajan juntos) y, de esta manera fundamentar nuestra voluntad a la de Dios;

Ahora bien, si por el contrario se desvía la mente, el corazón o el alma, es porque el individuo está cayendo en pecado y no es capaz de reflejar y demostrar los mandamientos y palabra de Dios. No obstante, se puede volver a la voluntad de Dios a través de la oración, la confesión o de la comunión.

¿Qué es amar a Dios con toda mi alma?

Amar a Dios con toda nuestra mente – Nuestra mente es la parte principal de nuestra alma. Dirige el resto de nuestro ser  e influye en lo que amamos y lo que elegimos. Puede ser puesta en muchas cosas. Pero Dios quiere que nuestra mente esté puesta en el espíritu , donde está Cristo.

Romanos 8:6 dice: “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”. Cuando ponemos nuestra mente en la carne o las cosas de la carne, nos sentimos sin vida e inquietos porque estamos apartados de Cristo en nuestro espíritu.

Pero cuando ponemos nuestra mente en el espíritu, estamos en paz y llenos de vida. Al poner nuestra mente en nuestro espíritu todo nuestro ser está centrado en Dios. Una manera de poner nuestra mente en el espíritu es leer la Biblia. La Palabra de Dios revela quién es Cristo para nosotros.

  • Cuando usamos nuestra mente para leer la Palabra, vemos más de la preciosidad del Señor;
  • Por ejemplo, cuando leemos en los cuatro Evangelios acerca de la clase de vida que vivió el Señor Jesús, las palabras de vida que Él habló y cómo Él cuidó de todo tipo de personas, estamos llenos de apreciación por Él;

Cuanto más lo consideramos más lo amamos.

¿Cuál es el mandamiento más importante?

«Maestro, ¿cuál es el principal mandamiento de la Ley? Él le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los profetas» Mt.

22, 36-40. Uno de los problemas a los que se enfrentaban los judíos ortodoxos en tiempos de Jesucristo –y, en parte, todavía hoy en día– era la infinidad de preceptos de carácter moral y ceremonial que era necesario observar.

Jesucristo, sin abolir la Ley antigua, puso el acento, principalmente, en la interioridad de los actos (en el corazón) y no en el cumplimiento externo de los miles de preceptos existentes. La referencia viene al caso porque algunas iniciativas actualmente existentes en materia de responsabilidad social empresarial (RSC), mucho me temo que tienen el peligro de retrotraernos a los tiempos del Antiguo Testamento.

  1. La última de ellas ha partido de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras;
  2. En efecto, en su libro-informe sobre La Responsabilidad Social de la Empresa (RSE): Propuesta para una nueva economía de la empresa responsable y sostenible , tan encomiable por muchos motivos, se descuelga con una propuesta final que, cuando menos, resulta algo inquietante: la creación de un nuevo Observatorio de medición y evaluación de la RSE;

La finalidad del futuro Observatorio –según apunta el informe– consistirá en hacer seguimiento y evaluar a las empresas de acuerdo con el cumplimiento de una serie de indicadores en materia de responsabilidad social elaborados en la mencionada obra. Los indicadores suman nada más y nada menos que un total de 120.

El Observatorio se reserva la facultad de publicar un «ranking» de las empresas más «responsables», o sea, las que, en su opinión, cumplan más fielmente con esos indicadores. En realidad, con la responsabilidad social empresarial está ocurriendo lo mismo que aconteció hace una década con la ética y las propuestas para impulsarla en el ámbito empresarial.

La mayoría de las empresas se decantaron por elaborar códigos éticos. Estos textos se elaboraron sobre la base de identificar una serie de conductas inapropiadas y sancionar la comisión de las mismas. Pero, como la vida es rica y no es fácil prever la infinidad de casos que pueden desviarse del comportamiento éticamente exigible, los códigos no hicieron más que engordar con los años, añadiendo al texto cada vez más supuestos.

  • La experiencia demostró que no era posible regularlo todo, y que una ética basada en normas, además de resultar siempre insuficiente, pues nunca podrá prever todas las situaciones, resultaba, además, muy negativa al apoyarse en limitaciones, y como tal carecer de la necesaria capacidad para inspirar conductas y motivar acciones;

Quizá sea oportuno recordar que el código ético de Enron tenía una extensión de más de sesenta páginas. Cualquier código debe poner los acentos en las aspiraciones, en las virtudes, en el «para qué» de los comportamientos. Al hacerlo así, se incentiva a los empleados para que innoven, es decir para que sepan enfrentarse con creatividad («moral») ante situaciones no previstas, y también para que asuman las responsabilidades sin descargarlas en la organización.

Si lo que ofrecemos a los empleados es un manual de instrucciones (semejante al manual de instrucciones de cualquier aparato mecánico), el inconveniente surge cuando se encuentran ante una situación que no está contemplada y reclama una decisión.

La naturaleza de la vida empresarial, en realidad de la vida en su conjunto, se caracteriza porque no siempre hay un taller cercano, o lo suficientemente cercano para que nos resuelva el problema con el carácter urgente que el caso requiere. Por eso, lo realmente importante es formar a los empleados para que sean capaces de dar una respuesta libre y responsable a los problemas que vayan surgiendo en un contexto caracterizado por el constante cambio.

¿Cómo adorar a Dios con todo el corazón?

Adorar a Dios es brindarle nuestro amor, reverencia, servicio y devoción. El Señor mandó a Moisés: “Adora a Dios, porque a él sólo servirás” (Moisés 1:15). Él también ha mandado: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo lo servirás” (D.

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y C. 59:5). Además de demostrar nuestro amor por Dios y compromiso hacia Él, el adorar nos da fortaleza para obedecer Sus mandamientos. A través de la adoración crecemos en conocimiento y fidelidad. Si ponemos a alguna persona o alguna cosa por encima del amor de Dios, estamos adorando a esa cosa o persona.

Esto se llama idolatría (véase Éxodo 20:3–6).

¿Cuál es la prueba más grande del amor de Dios?

La Muerte de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios.

¿Cuáles son los tres amores de Dios?

Una de las confusiones que genera más frustración en la vida diaria, es en cuanto al amor. Esto sucede porque confundimos conceptos y nos generamos problemas innecesarios. Estos conceptos son muy importantes porque son los que delinean conductas familiares y forjan generaciones enteras.

Veamos lo que nos dice la Palabra de Dios. Es importante que los cristianos comprendan que hay cuatro palabras griegas para amor. Son agape, fileo, storge, y eros. Tres de ellas aparecen en la Biblia. Si vamos a comprender la Biblia y el mundo espiritual, es importante que comprendamos lo que significan estas palabras y cómo difieren.

I) LA PALABRA GRIEGA PARA AMOR SEXUAL O AMOR DE PASIÓN ES EROS De la misma obtenemos palabras tales como “erótico. ” La palabra griega eros no aparece en el texto bíblico, así que no le dedicaremos tiempo, pero ha tenido tal impacto en el idioma español que es importante mencionarla.

¿Entonces son las pasiones sexuales amor verdadero? No. Y sobre esto la biblia nos enseña en muchos versículos; Romanos 8:12-14; Romanos 13:12-13; Efesios 4:22-24; Juan 6:63. Cuando se habla de un concepto tan famoso en el mundo y que la Palabra de Dios lo descarta, el Espíritu Santo espera que tengamos su misma visión y pensamiento.

Espera que consideremos importante lo que Dios considera importante. En una sociedad totalmente erotizada Dios espera que seamos sus representantes y comencemos por nuestra casa ¡Y le demos a cada cosa su lugar! (Juan 6:63) (Marcos 12:24-25). II) LA PALABRA GRIEGA QUE SE REFIERE AL AMOR DE DIOS HACIA LAS PERSONAS, Y ES POR TANTO UNA DE LAS CLASES DE AMOR QUE DEBEMOS TENER HACIA LAS PERSONAS, ES ÁGAPE Ágape es la naturaleza misma de Dios, porque Dios es amor (1 Juan 4:7- 12).

  1. La gente de hoy está acostumbrada a pensar del amor como un sentimiento, pero ése no es necesariamente el caso con el amor ágape;
  2. Ágape es amor a causa de lo que hace, no debido a cómo se siente;
  3. Juan 3:16;

Dios de tal manera “amó” (ágape) que dio a Su Hijo. No se sintió bien Dios al hacer eso de enviar a sufrir a su hijo, pero fue lo que por amor debía hacerse. Cristo de tal manera amó (ágape) que dio su vida. Él mismo no quería morir, pero él amó, así que hizo lo que Dios requirió.

El amor ágape no es simplemente un impulso generado por emociones o sensaciones. Más bien, el amor ágape es un ejercicio de la voluntad, una decisión deliberada. Esta es la razón por la cual Dios puede ordenar que amemos a nuestros enemigos (Mateo 5:44; Éxodo 23:1-5).

La manera de saber que amamos (ágape) a Dios es que obedezcamos Sus mandamientos. Hay cristianos que dicen que aman a Dios, pero su forma de vida es contraria a la voluntad de Dios. Estas personas confunden sus sentimientos de afecto por Dios y creen que ese es el verdadero amor ágape.

(Juan 14:21, Juan 14:24). Lo que “por amor” debe hacerse, puede no ser siempre fácil, y el amor verdadero no es “sentimentalismo exagerado”. Esto no quiere decir que el amor ágape no tenga sentimientos asociados, y la situación ideal ocurre cuando lo que debe hacerse por amor, también es lo que deseamos hacer.

Los cristianos deben ser conocidos por su amor los unos a los otros (Juan 13:35). III) LA TERCERA PALABRA PARA “AMOR” QUE NECESITAMOS EXAMINAR ES FILEO Sería provechoso si fileo nunca fuera traducido “amor” en el Nuevo Testamento, porque se refiere a un fuerte agrado o a una fuerte amistad.

Usted puede agape a sus enemigos, pero usted no los puede amar fileo. La diferencia entre ágape y fileo queda muy clara en Juan 21:15-17. Pero desafortunadamente se obscurece en muchas traducciones. Después de ser levantado de los muertos, Jesús se encontró con Pedro.

¿Por qué hay una diferencia en las palabras que se utilizan para “amor” en esta conversación? Jesús dos veces le preguntó a Pedro “¿tú me amas ágape?” (Es decir ¿estás dispuesto de hacer por mí aquellas cosas que tú no deseas hacer?). Pedro no estaba seguro dónde estaba parado en su relación con Jesús, así que intentaba hacerle saber a Jesús que en él seguía teniendo a un amigo verdadero, y que tenía cariño fileo por Jesús.

  1. La tercera vez que Jesús le habló a Pedro, descendió al nivel de Pedro y le preguntó si Pedro era, de hecho, un amigo verdadero (fileo), lo cual afligió a Pedro;
  2. Sin embargo, era importante porque Jesús sabía lo que Pedro no sabía: que Jesús ascendería al cielo, y Pedro y los otros quedarían para realizar su trabajo en la Tierra, lo cual requeriría que todos ellos fueran sus buenos amigos e hicieran su voluntad aun cuando significase adversidad;

IV) LA CUARTA PALABRA GRIEGA QUE NECESITAMOS COMPRENDER ES STORGE Es el amor y el afecto que ocurre naturalmente entre padres e hijos, que puede existir entre hermanos, y que existe entre maridos y esposas en un buen matrimonio. Romanos 12:10 es un versículo muy importante, que nos guía a ser muy cariñosos y amables unos con otros.

Si hemos de tener una vida cristiana maravillosa, obediente a la voz de Dios, y a tener una enriquecedora comunión con otros cristianos, necesitaremos ejercitar estas tres clases de amor. Necesitamos amor ágape porque algunas de las cosas que Dios requiere de nosotros no son ni divertidas ni fáciles, pero necesitan ser hechas.

Necesitamos tener amor fileo porque necesitamos amigos verdaderos que se mantengan a nuestro lado, gente que esté conectada emocionalmente con nosotros y con quien podamos compartir nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos. Finalmente, los cristianos necesitamos brindarnos amor storge unos a otros, un afecto familiar profundo que nos conforte y nos ayude a sentirnos conectados, con un sentido de pertenencia y sentirnos unidos a nuestra familia espiritual.

¿Qué significa volver el corazón a Dios?

Carlos Alejandro Rodas Coronado «Ya se cumplió el plazo señalado, y el reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias. » (Mc 1,15). Jesús anuncia la llegada del reino de Dios como la gran noticia y novedad de su mensaje. Invita a acogerlo como una opción fundamental de vida.

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Su llamada a la conversión es un componente intrínseco para entrar en la dinámica del reino. La traducción que utiliza la Biblia “Dios habla hoy”, como alternativa de “conversión”, permite acercarse a su significado en clave de encuentro-con: «vuélvanse a Dios».

El llamado que hace Jesús es ya una iniciativa del propio Dios, que invita a hacer un alto en el trajín de la vida, para volver la mirada al Creador y retornar a Él. «Es el movimiento del “corazón contrito” (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf.

Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10)». La conversión nace de una experiencia profunda de amor entre Dios y la persona que acepta, a reconsiderar el modo en que está viviendo, a revisar la escala de valores, los fundamentos de la propia existencia, las motivaciones y el sentido de su vida, desde los valores y propuesta del Evangelio; para luego tomar la decisión de transformar y cambiar todo aquello que impide que se haga realidad, el gran sueño de Dios para cada uno de sus hijos e hijas, una vida plena (Cf.

Jn 10,10) e involucrándose en la misión de hacer del mundo, un mundo más humano, donde rija la dignidad humana, la justicia, el amor, la compasión, principalmente por los más pequeños del Evangelio. Es decir, “volverse a Dios”, implica voltear la mirada al rostro de los más pobres, de los más vulnerables, de los descartados por esta sociedad por esta sociedad mercantilista e individualista.

Es acercarse a ellos, implicarse con ellos, tomar partido por ellos y comprometerse por su causa. La conversión debe entenderse también, como un proceso de toda la vida, en donde el Espíritu de Dios impulsa y atrae a la persona a volver siempre al verdadero fundamento de su vida.

Es por ello que el discernimiento ignaciano es un método que ayuda, precisamente, a diferenciar lo que es de Dios y lo que no lo es, lo que nos aparta de Dios y lo que nos hace acercarnos a Él. Si deseas realizar la guía de oración para la semana 1, haz clic en el siguiente enlace:  1 Biblia versión “Dios habla hoy”  2 Catecismo de la Iglesia Católica, numeral 1428.

¿Cómo se puede demostrar el amor?

¿Cómo se manifiesta el amor de Dios en la vida del creyente?

No podemos llevarnos a engaños ni a cuentos; las obras son la manifestación de lo que somos, no las palabras: por muchos discursos que nos echen los políticos y los gobernantes, al fin y al cabo, son sus obras las que quiere ver el pueblo Son las realidades y hechos de los hombres y de las circunstancias no las palabras o sermones los que hacen la historia.

  • Las palabras, una vez dichas, se las lleva el viento y solo quedan las obras realizadas;
  • No podemos llevarnos a engaños ni a cuentos; las obras son la manifestación de lo que somos, no las palabras: por muchos discursos que nos echen los políticos y los gobernantes, al fin y al cabo, son sus obras las que quiere ver el pueblo;

Por mucho que se digan los esposos que se aman, son las obras las que manifiestan, en verdad, el amor que mutuamente se tienen. Por mucho que unos hijos enrollen a sus padres con bellas palabras, son sus obras las que declaran qué clase de hijos son. Por mucho que los creyentes digamos “Señor, Señor” (Mt.

7,21), son los hechos y las actitudes que tomamos en la vida los que van a decir qué clase de cristianos somos. El árbol se conoce por sus frutos, no por las hojarascas (Mt. 7,20). Cada uno manifiesta lo que es, no a través de bellas palabras, sino con la realidad de su vida: “Obras son amores y no buenas razones”.

Precisamente una de las alabanzas constantes que se hacen en la Biblia de Dios, es precisamente sobre sus grandes obras llenas de amor: “¡Qué grandes son tus obras, Señor!” (Sal. 111,2). La gran manifestación de amor de Dios hacia los hombres ha sido el don que nos ha brindado de su propio Hijo: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su propio Hijo” (Jn.

  1. 3,35);
  2. Dios no es Palabra vacía; Dios es amor hecho vida;
  3. (1Jn;
  4. 4,8);
  5. El amor de Dios no se reduce a una bella filosofía; es la actitud consecuente y permanente del Padre siempre bueno cuyos sueños y delicias son sus hijos, los hombres (Prov;

8,31). El amor de Dios nos es pura palabra, entra por los sentidos, se palpa Este es el amor, así mismo de Jesús: Jesús sabe muy bien que el amor solo se manifiesta en la vida; por eso él “guarda los mandamientos de su Padre” (Jn. 15,11). San Juan nos dice que Jesús “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin” (Jn.

13,1). El amor de Cristo no se quedó en palabras ni en bellos discursos. San Pablo era consciente de ello y, por eso, lleno de un gran sentimiento de ternura, decía: “Me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,20).

Por eso, Jesús tiene fuerza moral para decirnos bien claro: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos… El que acepta mis mandamientos y los cumple, es quien me ama” (Jn. 14,15. 20). El amor a Dios o a los hombres, queramos o no, solo tiene una manifestación válida: los hechos, la vida.

Hoy en todos los sectores políticos, gubernamentales, sociales y eclesiales hay superabundancia de palabras y de discursos. Necesitamos todos hablar menos y hacer más. Son las obras quienes dicen lo que somos, no las palabras, como dice Jesús en el evangelio de hoy: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos… El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama” (Jn.

14,15. 21). “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo permanezco en el amor del Padre, guardando sus mandatos” (Jn. 15,10)..

¿Cómo demostrar el amor de Dios a mi familia?

Lo más importante que debemos hacer para fortalecer el amor de nuestra familia es vivir el primero y grande mandamiento: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente’ (Mateo 22:37). Nuestro Padre Celestial es la fuente de toda verdad y de todo amor.